sábado, 18 de abril de 2009

Hero: El color como elemento narrativo


Más allá del propio valor estético que puedan tener los colores en pantalla, estos transmiten y representan el estado del personaje y el que el mismo director pretende crear en nosotros. Con ello Yimou busca otro nivel narrativo que complete los hechos de unos personajes contenidos para una historia de verdades poliédricas, ahondando en una profundidad emocional que contrasta con su simpleza argumental.

Y es que la historia de Hero resulta más bellamente metafórica que compleja, usando un pasaje de la historia de China para hablar de paz y violencia. Todo eso adornado con coreografías al estilo que puso de moda Ang Lee en su premiada Tigre y Dragón, pero en una apuesta mucho más visual y relajada.

La historia de Hero nos sitúa en la época en que China estaba dividida en 7 estados, y sumida en constantes guerras entre ellos en busca de la supremacía. El rey del estado de Qin (Daoming Chen) es el más decidido y ambicioso buscando el dominio de los 7 reinos, pero asesinos del resto de reinos han intentado asesinarlo aunque sólo 3 estuvieron cerca de conseguirlo. Así el rey pondrá precio a las cabezas de Espada Rota (Tony Leung Chiu Wai), Nieve Volante (Maggie Cheung) y Cielo (Donnie Yen), premiando a quien acabe con ellos con riquezas y una audición privada con el rey.

En 10 años nadie reclama dicha recompensa, hasta la llegada de un misterioso guerrero sin nombre (Jet Li) que afirma haber matado al trío de asesinos, mostrando sus armas como prueba. Así será como el guerrero se plantará a 10 pasos del rey para narrar su historia.

La presencia de dicho asesino sin nombre y ataviado de negro ya siembra duda o amenaza en el ojo del espectador, como si de un enviado de la muerte se tratara. Por contra, las historia sobre el resto de asesinos son narradas en diferentes tonalidades, mostrando el carácter que en cada narración adquieren los personajes, desde el naranja para mostrarlos esclavos de sus pasiones, al blanco para mostrarlo en paz consigo mismo.

Así se nos van narrando diferentes versiones de una misma historia, sin repetir los mismos hechos y completando un cuadro donde a modo de caleidoscopio acabamos teniendo una narración construida a base de líneas de color que se van superponiendo. Y es que la forma da color al fondo, así como vemos en el film que una misma palabra puede estar escrita de múltiples maneras y significar siempre lo mismo.

Pese a contar con Jet-Li y el mismo productor de Tigre y Dragón para buscar el gancho a través de las batallas coreografiadas, el film opta por la introspección de unos personajes que basan su fuerza en la reflexión y la lengua. Así vemos luchas que sólo tienen lugar en la mente de los protagonistas y un eje central apoyado en las conversaciones del asesino sin nombre con el rey de Qin, así como un uso de la sangre meramente estético.

De esta manera se enriquece y estiliza una épica historia que no busca más que usar una bella historia de China para llegar al gran público, gustando y entusiasmando, pero no arrebatando. Y es que muchas veces la narración se contradice con lo visto anteriormente y resulta complicado desligar a los personajes de sus acciones anteriores una vez se demuestran falsas y se nos presentan como ciertas las opuestas. Y pese a resultar fascinante el contraste, es sencillo desligarse de las motivaciones de los protagonistas y quedarse meramente en lo visual sin acabar de empaparse de las historias de amor y traición que Zhang Yimou nos propone.

Y es que ahí entramos en el terreno psicológico donde el espectador toma como verdad todo lo representado en pantalla, donde la diferencia entre ficción y realidad no existe. Quizá una puesta en escena más onírica hubiera ayudado a hacer más ficticias las historias que nos narra el asesino sin nombre, contrastadas después con texturas más reales al explicar la verdad. Pero no es la intención de Yimou que vivamos la historia desde los personajes, sino vivirla y entenderla como un conjunto, como un óleo donde el todo da sentido a las individualidades.

En definitiva, un film interesante y cuidado que busca embellecer una gran historia sin llegar a recargarla. Retazos de filosofía oriental a golpe de espadazo y colorido, que parte de una premisa que a lo largo del film se justifica como inútil y se cierra con la imagen de la silueta del mártir representando la voluntad de un pueblo. Lección de filosofía, historia y buen gusto.

Lo mejor: La lucha entre hojas.

Lo peor: Las decisiones de los personajes resultan, en ocasiones, forzadas.

El dato: El perfeccionismo de Yimou llevó a tener que pintar de negro 300 caballos, acorde con el color del reino de Qin, o a esperar a que las aguas del agua estuvieran completamente en calma para rodar la escena de lucha entre Espada rota y el asesino sin nombre.



viernes, 17 de abril de 2009

La recomendación de la semana: Virgen a los 40


Un clásico instantáneo. Sin más.


LCM lanza el reto: Introducción


Ya era hora que lanzara un reto a los lectores, a los que he dado carta blanca para putearme con sección dedicada a ello. Ahora me toca a mí pedir vuestra colaboración con un reto que no os va a llevar mucho tiempo y puede resultar enormemente divertido.

La idea se basa simplemente en que escojáis tres de vuestros films favoritos, y propongáis un título alternativo, ya sea jugando con el título (original o no), con el contenido del film o con lo que os dé la gana. Por ejemplo, si cogemos Blade Runner, podéis bautizarla como El amante replicante, o Los perjúmenes de Vangelis me sulibeyan. Tanto da si pretendéis un tono jocoso o plasmar lo que dicho films os inspira.

Con ello, elaboraré un post sin mencionar los films originales, así tendremos oportunidad de intentar adivinar a qué film pertenecen las propuestas, y más adelante daría las soluciones. Esta propuesta está abierta a todos vosotros, lectores, así como la haré extensiva a mis compañeros en ReQmana. Para ello, basta con que vayáis a mi perfil y me enviéis vuestras propuestas a mi dirección de gmail.

Obviamente también sois libres de extender la propuesta a través de vuestros blogs, o modificarla a vuestro gusto. Ahora no seáis vagos, pensad y enviad rápidamente vuestras respuestas a mi mail, y no olvidéis indicar qué films son, que no soy yo quien tiene que adivinarlo. ¡Gracias a todos, de antemano!


jueves, 16 de abril de 2009

Señales del futuro: Delirios de grandeza para el señor B


Hacer bailar al son de la serie B a los espectadores que abarrotan las salas de cine no es tarea fácil. Cara y cruz de esos intentos los tenemos con Spielberg y La Guerra de los mundos, junto a Shyamalan y El Incidente, donde crítica y taquilla eligieron el mismo bando en cada caso.

Ahora es el turno de Alex Proyas
que con su nueva propuesta, Señales del Futuro, parece situarse entre los dos grupos, sin llegar a ser un fallido homenaje ni un pomposo espectáculo, sino cabalgando entre ambos por momentos. Así el director de la floja Dark City nos invita a un viaje por el cine catastrófico, el thriller, el terror y la ciencia-ficción, sosteniendo el film desde el drama familiar, como sí supo hacer Shyamalan en Señales.

La clave de no desorientar al espectador es mantener un hilo común que hilvane correctamente cada retazo de género, siendo estos la pintura y la historia el lienzo. Es así como Proyas firma su film más completo y ambicioso.
Arranca el film con una extraña niña solitaria que en vez de hacer un dibujo para una cápsula del tiempo, llena su hoja de incomprensibles números.

50 años más tarde tenemos a un profesor de matemáticas (Nicolas Cage) cuyo hijo recibe el mensaje de la niña al abrirse la cápsula, vislumbrando entre la numerología fechas de grandes catástrofes pasadas. Es así como descifrará por completo el código, quedando para el futuro otras 3 catástrofes a las que intentará poner remedio.

En el estado emocional del protagonista nos movemos, viudo y con un hijo, para el que la vida carece de significado. Ha perdido la fe de la misma manera que el personaje de Mel Gibson en Señales, y son las grandes catástrofes las que dan sentido al todo, la amenaza que articula el drama desde el individuo hasta la hecatombe. Y en ese camino coinciden salvación y respuestas, al menos en el caso de Shyamalan.

Y es que si hay un camino marcado, nada nos hace pensar que sea alterable y su significado solo se entiende en las respuestas. Así es como se cambian las tornas y el protagonista se vuelve un espectador más, ceñido a un guión contra el que lucha sin éxito mientras nos acomodamos en su impotencia. Esa es la apuesta de serie B donde los personajes son un mero recurso en los acontecimientos y nosotros vulgares mirones que acompañan al protagonista en su desdicha.

Y entonces nos vemos sobrecogidos por las brutales imágenes de las tragedias, a la vez que el drama familiar y la intriga nos recuerda que los personajes importan, uniendo ambas propuestas a través del niño (Chandler Canterbury)
y sus perturbadoras visiones. Ese es uno de los mayores méritos del film, el de aglomerar estilos que funcionan sin privarnos de ciertos fuegos artificiales.

El trayecto no permite predecir el destino del film, y la tercera y última bala del guión apunta al corazón del cine catastrófico donde lo visto hasta entonces se borra por completo, dejando solo el eje de la historia, al que se añaden molestos satélites que sirven de conexión con el arranque del film. Y quedando profecía y respuesta como bazas para el agridulce desenlace, que no por confuso deja de ser satisfactorio, necesario y finalmente coherente.

No podemos negar que Proyas no tiene habilidad para plasmar las emociones de sus personajes en celuloide, ni Cage ayuda a hacer funcionar las escenas en las que no aparece al trote, pero la brutal crudeza de las catastróficas escenas contrasta y completa la vertiente de ciencia-ficción. Así es como Proyas construye su rompecabezas desde las escenas y no desde los personajes, cuyo papel se acerca más al de Virgilio guiándonos del purgatorio al infierno/cielo.

En definitiva, un film notable y espectacular, una apuesta arriesgada que juega bien sus cartas y sin ánimo de trascender es capaz de entretener e impactar sin manipularnos. Sus ecos perdurarán más gracias al impacto visual de tres de sus escenas, pero sin negar la brillantez de algunas otras, y donde la única pega la encontramos en su puntual descompensación.

Lo mejor: Saltándome lo ya mencionado por mí y muchos otros, resulta impresionante la versión roja de Deep Impact, viendo como el fuego devora ciudades.

Lo peor: La trama de los visitantes cojea visto el final.

El dato: El proyecto original era para Richard Kelly. Si la pareidolia consiste en reconocer patrones conocidos en estímulos aleatorios (test de Rorschach), el complejo de Casandra es percibir el futuro y no se capaz de alterarlo.


miércoles, 15 de abril de 2009

Grandes bandas sonoras: Misión Imposible 2


Para que luego digan que soy un anticuado... Temazo de Limp Bizkit para la banda sonora del film de John "Palomero" Woo, que pertenece a su disco Chocolate Starfish and the hot dog flavored water.


El arte del remake (I)


Así sí, amiguitos.



Así no, amiguitos.


martes, 14 de abril de 2009

La frase de la semana: Bailar en la Oscuridad


"Lo he visto todo: he visto los árboles, he visto las hojas de los sauces danzando en la brisa, he visto un hombre muerto a manos de su mejor amigo, y vidas gastadas antes de terminar; he visto lo que fui, y sé lo que seré. Lo he visto todo; no hay nada más que ver."


Trailer de Antichrist


Amado, odiado, vilipendiado, encumbrado, infravalorado o sobrevalorado, el caso es que Lars von Trier siempre propone algo diferente. En este caso nos habla de cómo sería el mundo si lo hubiera creado el mismísimo Diablo, usando a una pareja en problemas para ello.




Fuente: SlashFilm

À l'intérieur: Portentosa metamorfósis bañada en sangre


Todo germen de cambio nace de la violencia, de una lucha interior. En un género tan explotado como el terror, tan previsible, desgastado por ciertas sofisticaciones ornamentales y sometido habitualmente a fórmulas rentables, se antojaba necesario un paso atrás. Despojar la propuesta de artificios y volver a su esencia, pero sofisticando la forma sin traicionar por ello las bases del género, ofreciendo así un producto crudo y violento revestido de liviana elegancia que sofistica sin ahogar.

Y es que el terror es un emoción primaria, directa e inmediata, alejada de lógica o reflexión. Puede disfrazarse de la elegancia de El silencio de los Corderos o Alien, pero bajo ellas late ese terror primario que tan crudamente mostró Tobe Hooper en La matanza de Texas. Esa materia prima es la que se ha ido desvirtuando en pro de fórmulas más comerciales, intentos de renovación o la directa banalización en espectáculo de sangre y tripas.

Ahí entra en juego la llamada Nouvelle Horreur Vague encabezada por el ya americanizado Alexander Aja, y donde films como Alta Tensión, Calvaire, Ils, Frontiere(s) y la misma À l’Interieur marcan tendencia a una renovación de un género artísticamente en horas bajas. Y como era de esperar, la taquilla ha ignorado las propuestas mientras se prepara para la sexta entrega de la saga de Jigsaw.

Y es que si la propuesta de Aja se mostraba tan ambiciosa como difusa, la de Alexandre Bustillo y Julien Maury con À l'intérieur es tan brutal como simple, con una brillante puesta en escena para una visceral historia. Así optan por un conjunto muy reducido de elementos, una precariedad que saben explotar perfectamente y crear un producto compacto y sin concesiones.

À l'intérieur arranca de manera impecable situándonos en pocos minutos, para después adentrarnos en los muros del hogar de la protagonista para no abandonarlos. Allí sufriremos junto a la embarazada (Alysson Paradis) el acoso de una extraña, primero inquietándonos para después aterrarnos con una serie de poderosas imágenes y un desarrollo simple pero efectivo.

Siguiendo los cánones del género tenemos tanta sangre como incautos secundarios que mueren a manos de tan implacable asesina, sin alardes ni trucos, empleando los espacios hábilmente para resultar verosímil. Todo ello sin escatimar una sola gota de sangre ni una sola de sus incómodas imágenes, con un prodigioso empaque visual que juega con luces y sombras para crear la atmósfera adecuada a cada escena.

Y todo ello con la protagonista encerrada en un lavabo gran parte del film, llevando el peso del metraje Béatrice Dalle con un personaje escalofriante. Sus actos duelen, impactan, alejándose de la intrascendencia que provocaba la tortura de Hostel, buscando la cercanía del espectador en vez de proponerle únicamente un espectáculo morboso.
Alexandre Bustillo y Julien Maurys nos sitúan dentro de la escena para vivir la violencia, no la escenificación de esta.

Puede que la apuesta parezca simple y la intriga escasa o previsible, pero a eso juega À l'intérieur, retomando tramas sencillas sin distraernos con sofisticaciones, sin buscar otra implicación más elevada del espectador. Y así es como la propuesta no se traiciona a sí misma, creciendo en rojo hasta su demoledor desenlace.

En definitiva, un film brutal y elegante, de los que se enganchan a la retina con brillantes excesos sin dejar un respiro a un espectador al que se le permite situarse rápidamente en su interior.
À l'intérieur nos lo hace pasar mal, nos regala la vista y cierra con un magnífico final que no dejará a nadie indiferente.

Lo mejor: El crudo fondo contra la trabajada forma.

Lo peor: Que se vea como un simple espectáculo de sangre y tripas.

El dato: El guiño del film lo tenemos cuando en un breve momento podemos ver que la
protagonista vive en el número 666.



lunes, 13 de abril de 2009

La imagen de la semana


Sí, es un espoiler como una casa, pero intimida y de paso os rebajo expectativas ante un producto que seguramente acabe siendo una gran castaña. Y es que más abajo tenéis el aspecto que lucirá en algún momento Helena Bonham Carter en Terminator Salvation, muy en la linea del Dos Caras de El Caballero Oscuro. A los mandos de la nave McG, con todo lo que ello conlleva.

Fuente: Tierra de Cinéfagos