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lunes, 8 de junio de 2009

Terminator Salvation: La acción como excusa a la traición


Y es que un Terminator sin Arnold Schwarzenegger es menos Terminator, pero sin viajes en el tiempo el asunto ya va por otros derroteros. Esa es precisamente la propuesta, una ruptura con los films anteriores en busca de la tan prometida guerra con las máquinas, cambiando drásticamente las reglas del juego. Dicho cambio lleva a cambiar género por lentejuelas, perdiendo un sello que sin título ni guiños nos hubiera podido parecer secuela de cualquier otra franquicia.

No se le puede negar a McG que su film entretiene a ratos, pero mientras el reloj corre Terminator Salvation acumula pecados uno tras otro, confirmando la certeza de que no hay historia que contar sino sólo un paisaje que recrear. Todo ello entre pequeños homenajes a films de toda índole, algunos respetuoso, otros risibles y la gran mayoría forzados.


El film arranca en el presente, para inmediatamente llevarnos al futuro en una escena que augura un buen espectáculo. John Connor (Christian Bale)
en plena operación, bendecido por la fortuna mientras se forja la (supuesta) leyenda y en el primer enfrentamiento que vemos con un Terminator, que vuelven a ser realmente temibles. Más allá de eso los esfuerzos se centran en mostrar una gran variedad de diseños que ni intimidan ni sorprenden.

Y probablemente ese sea el mayor problema de Terminator Salvation, el no ser capaz de proponer nada nuevo y acabar cayendo continuamente en la previsibilidad. Es ahí donde McG se cree que realmente es bueno filmando escenas de acción y se olvida que estas deben tener un propósito y un motivo dentro de la historia, siendo la mayoría números en un presupuesto y pasto para el olvido.


Es un hecho frecuente en el cine de acción moderno que el simple propósito de abrumar aunado al auge de los efectos digitales ha volcado sobre el cine de acción una serie de vicios que acaban por eliminar la tensión. Gran parte pasa por la pérdida del realismo a manos de fondos verdes y azules, pero ese realismo también es fruto de una puesta en escena, un rodaje, montaje y planificación que junto con las interpretaciones nos parezcan verosímiles, y Terminator Salvation carece de todo eso.

Y es que cuando se juegan esas bazas y se abusa de dichas fórmulas comerciales, el mayor resultado posible es cumplir las expectativas, sin más, cayendo en el saco roto del anonimato que tan lejos queda de las dos primera entregas de la saga, obras maestras en su género.

Más allá de todo eso quedan las lagunas argumentales (con guión a cargo de John D. Brancato y Michael Ferris, responsables de la 3ª entrega), los giros imposibles, y sobretodo el saltarse algunas normas del universo Terminator en pro de concesiones fáciles a la galería que ya asomaron la cabeza en la tercera entrega. Un ejemplo de todos los defectos aglutinados lo tenemos en la escena en que Blair (Moon Bloodgood) es atacada por 3 humanos y salvada por Marcus (Sam Worthington), claro ejemplo de escena tan previsible, como absurda y sobrante.

Y con todo ello no deja de ser un film entretenido y espectacular a ratos, pero vacío y poco digno del nombre que lleva, sumergiéndonos en una historia esperada durante 25 años y que acaba por resultar paupérrima. Y es que cuando se dedica más tiempo al diseño de diferentes criaturas que al propio guión, el resultado no puede ser otro que imposibilitar la implicación del espectador con la historia.

En definitiva, Terminator Salvation funciona mejor cuando huye de sí misma para encontrarse con su etiqueta, abandonando la falsa épica medida en tamaño para enfrentar tan mortales máquinas cuerpo a cuerpo, como ha sido siempre, una cuestión personal, entre Ripley y el octavo pasajero, Deckard y Roy, Frankenstein y Frankenstein o Adán y su creador.


jueves, 16 de abril de 2009

Señales del futuro: Delirios de grandeza para el señor B


Hacer bailar al son de la serie B a los espectadores que abarrotan las salas de cine no es tarea fácil. Cara y cruz de esos intentos los tenemos con Spielberg y La Guerra de los mundos, junto a Shyamalan y El Incidente, donde crítica y taquilla eligieron el mismo bando en cada caso.

Ahora es el turno de Alex Proyas
que con su nueva propuesta, Señales del Futuro, parece situarse entre los dos grupos, sin llegar a ser un fallido homenaje ni un pomposo espectáculo, sino cabalgando entre ambos por momentos. Así el director de la floja Dark City nos invita a un viaje por el cine catastrófico, el thriller, el terror y la ciencia-ficción, sosteniendo el film desde el drama familiar, como sí supo hacer Shyamalan en Señales.

La clave de no desorientar al espectador es mantener un hilo común que hilvane correctamente cada retazo de género, siendo estos la pintura y la historia el lienzo. Es así como Proyas firma su film más completo y ambicioso.
Arranca el film con una extraña niña solitaria que en vez de hacer un dibujo para una cápsula del tiempo, llena su hoja de incomprensibles números.

50 años más tarde tenemos a un profesor de matemáticas (Nicolas Cage) cuyo hijo recibe el mensaje de la niña al abrirse la cápsula, vislumbrando entre la numerología fechas de grandes catástrofes pasadas. Es así como descifrará por completo el código, quedando para el futuro otras 3 catástrofes a las que intentará poner remedio.

En el estado emocional del protagonista nos movemos, viudo y con un hijo, para el que la vida carece de significado. Ha perdido la fe de la misma manera que el personaje de Mel Gibson en Señales, y son las grandes catástrofes las que dan sentido al todo, la amenaza que articula el drama desde el individuo hasta la hecatombe. Y en ese camino coinciden salvación y respuestas, al menos en el caso de Shyamalan.

Y es que si hay un camino marcado, nada nos hace pensar que sea alterable y su significado solo se entiende en las respuestas. Así es como se cambian las tornas y el protagonista se vuelve un espectador más, ceñido a un guión contra el que lucha sin éxito mientras nos acomodamos en su impotencia. Esa es la apuesta de serie B donde los personajes son un mero recurso en los acontecimientos y nosotros vulgares mirones que acompañan al protagonista en su desdicha.

Y entonces nos vemos sobrecogidos por las brutales imágenes de las tragedias, a la vez que el drama familiar y la intriga nos recuerda que los personajes importan, uniendo ambas propuestas a través del niño (Chandler Canterbury)
y sus perturbadoras visiones. Ese es uno de los mayores méritos del film, el de aglomerar estilos que funcionan sin privarnos de ciertos fuegos artificiales.

El trayecto no permite predecir el destino del film, y la tercera y última bala del guión apunta al corazón del cine catastrófico donde lo visto hasta entonces se borra por completo, dejando solo el eje de la historia, al que se añaden molestos satélites que sirven de conexión con el arranque del film. Y quedando profecía y respuesta como bazas para el agridulce desenlace, que no por confuso deja de ser satisfactorio, necesario y finalmente coherente.

No podemos negar que Proyas no tiene habilidad para plasmar las emociones de sus personajes en celuloide, ni Cage ayuda a hacer funcionar las escenas en las que no aparece al trote, pero la brutal crudeza de las catastróficas escenas contrasta y completa la vertiente de ciencia-ficción. Así es como Proyas construye su rompecabezas desde las escenas y no desde los personajes, cuyo papel se acerca más al de Virgilio guiándonos del purgatorio al infierno/cielo.

En definitiva, un film notable y espectacular, una apuesta arriesgada que juega bien sus cartas y sin ánimo de trascender es capaz de entretener e impactar sin manipularnos. Sus ecos perdurarán más gracias al impacto visual de tres de sus escenas, pero sin negar la brillantez de algunas otras, y donde la única pega la encontramos en su puntual descompensación.

Lo mejor: Saltándome lo ya mencionado por mí y muchos otros, resulta impresionante la versión roja de Deep Impact, viendo como el fuego devora ciudades.

Lo peor: La trama de los visitantes cojea visto el final.

El dato: El proyecto original era para Richard Kelly. Si la pareidolia consiste en reconocer patrones conocidos en estímulos aleatorios (test de Rorschach), el complejo de Casandra es percibir el futuro y no se capaz de alterarlo.


lunes, 9 de marzo de 2009

La Jetée: La fuerza de la imagen, el idioma del recuerdo


Nuestra memoria funciona a base de imágenes. Resulta sencillo recordar una cara, pero no su movimiento, así como una mirada deja huella pero un guiño no. La acción requiere de muchos otros sentidos difícilmente recreables por la memoria, inabarcables, mientras que una imagen trabaja desde la apabullante e inmediata sencillez en nuestro sentido más preciado.

Esas escenas, concebibles en el recuerdo, maleables y perfectas, son pequeños rincones inmaculados que abren una puerta a las emociones contenidas que simbolizan dicha imagen. Así es como mantenemos intacto el recuerdo de una escena, en su perenne perfección, con la fuerza de esos momentos en que deseamos que el reloj se pare.





Nada diferencia los recuerdos de los momentos habituales. Sólo se dan a conocer cuando muestran sus cicatrices.




Dicen que es casi imposible recrear la voz de una persona en nuestra cabeza
, y sólo en ocasiones somos capaces de conseguirlo, cuando no nos lo estamos proponiendo. Sin embargo sí somos capaces de recrear una melodía o un sonido, asi como un olor no lo recordamos, lo reconocemos. Nuestra caprichosa memoria envuelve de bruma una imagen, de sensaciones alejadas del impacto visual que buscan dar vida a esa imagen así como vuestros ojos esperan ver en la foto como el viento juega con el pelo de Hélène Chatelain.

Consciente de ello y con plena intencionalidad, Chris Marker propone con La Jetée (El muelle, 1962) un foto-relato creado a base de negar las imágenes en movimiento pero apoyado en el resto de elementos que consideramos característicos del cine. Dispuesto a hablarnos de la memoria, usa su
propio lenguaje.

Disfrazado de relato de ciencia-ficción, La Jetée nos habla del poder de las imágenes, del recuerdo y de cómo vivimos en ellos cobijados de un apocalíptico mundo. Así es como nuestro protagonista (Davos Hanich) sólo recuerda el mundo anterior a la III Guerra Mundial a través de la imagen de una mujer en el aeropuerto, momentos antes de ver morir a un hombre delante de ella. Ese recuerdo sirve de esperanza a una humanidad confinada en el subsuelo, aferrada a ensayos que logren transportar una conciencia al pasado o futuro para enmendar el error cometido.

Repito, el presente apocalíptico nos insta a transportarnos a un pasado o futuro mejor para salvar un contexto sin esperanza. Eso no es ciencia-ficción, sino algo cotidiano, humano y amargo. Y en ese recuerdo se recrea nuestro protagonista, afincado en un tiempo que no
existió viviendo de reflejos en un espejo pintado por él mismo.

El recuerdo del protagonista se envuelve de esperanza, de trazos románticos, narrando una onírica historia de amor a modo de salvación de protagonista y humanidad. En esa belleza se haya el contraste a las claustrofóbicas escenas de subsuelo, donde el montaje dota de vida a la sucesión de fotografías gracias al uso del sonido. Impresionante el trabajo fotográfico, el blanco y negro en una obra que resulta cómoda a nivel visual, sin suponer una ruptura con el concepto de cine al uso al que podemos estar acostumbrados.

Y cuando nos hemos acomodado en la memoria, en la imagen estática, la imagen del despertar de la mujer cobra vida justo antes de su muerte. Así desaparece el recuerdo y nos movemos hacia adelante a un tiempo que nos rechaza, de un yermo y desolado vacío al que no hemos podido decorar de experiencia. Ese futuro nos invita a abandonar unos aposentos que aún no nos pertenecen, regalándonos algo tan vital como la esperanza. Así se recorren las 3 líneas temporales en un proceso necesario para la salvación, labrando un futuro desde el pasado.

Acaba el sueño y vuelve la amenazante e incierta realidad, el viaje mental parece llevarnos al mismo punto de partida como si de una atracción de feria se tratara, una promesa nacida muerta. Y en la vacua desidia la promesa rebrota, el recuerdo cobra vida y atravesamos el espejo para definitivamente formar parte de ese recuerdo, cerrando el círculo que condena a la memoria a ser inmutable.

Pero entonces La Jetée ¿es ciencia-ficción, romance o ensayo? La Jetée es una obra que deberías haber visto ya y de la que debes olvidar todo lo que hayas leído, sin necesidad de catalogar tan sugerente propuesta. Excelente a todos los niveles, desde la inolvidable fotografía a un uso acertadísimo del sonido y un montaje que da vida al estatismo de las imágenes. Una historia bien narrada, un final inolvidable, el amor como esperanza, el recuerdo como guía, y el poderoso uso de la fotografía como lenguaje de la memoria.

La Jetée: Parte 1 - Parte 2 - Parte 3

sábado, 27 de diciembre de 2008

Dead Set: España merece un "Cuéntame" con zombies


De tierras anglosajonas, más concretamente del canal E4, nos llega una miniserie de 5 episodios llamada Dead Set. Desde luego nuestra producción televisiva está a años luz de otras, y Dead Set es algo impensable que pueda ver la luz en nuestro país.

Zombies ya es una temática de poco calado entre los seguidores de Cuéntame o Escenas de matrimonio, pero por si fuera poco, Dead Set se adentra en el gore en no pocas ocasiones, aprovechando la ocasión para dar unas cuantas collejas al entorno de ciertos programas televisivos.

Año 2009. El Big Brother británico se prepara para noche de expulsiones y el equipo de producción trabaja a marchas forzadas. A las puertas de la casa se reúnen miles de fans esperando ver a la estrella expulsada, mientras que en otro punto de la ciudad unos altercados amenazan con informativos la franja horaria del programa. En medio del huracán se encuentra Kelly (Jaime Winstone), en plena crisis con su pareja y como chica de los recados en el programa.

Pronto se precipitan los hechos, y la llegada de un zombie a los aledaños de la casa infecta a los espectadores provocando la locura. Poco a poco se habrá extendido el virus por toda el lugar y el único lugar seguro será dentro de la casa, donde los participantes viven ignorantes a la realidad. Los pocos supervivientes acabarán por reunirse con ellos para intentar encontrar una solución.

Sorprenden varios hechos en esta producción. Para empezar, como producto televisivo tiene un formato equiparable a muchos de los films en cartelera. Por otro lado, la crudeza de muchas escenas lo hace indicado para una pequeña franja de público, de hecho, se nos advierte al arranque de cada capítulo, además de recomendarnos verlo a oscuras. No es normal que un producto televisivo renuncie a cuota de pantalla tan fácilmente.

Pese a todo, no deja de ser lo que es, con las carencias que conlleva. Los actores provienen mayormente de series y sus interpretaciones funcionan mejor lejos de la emotividad. Dichos personajes son bastante obvios, aunque la gran baza es el uso que se les da a personajes que participan o producen un Big Brother. Así podemos ver a un despiadado productor que ante la crisis no duda en despedazar a un participante acabado y ofrecerlo como carnaza a la audiencia, literalmente. El resto de protagonistas, divos, más preocupados por su imagen fuera de la casa que por el fin del mundo.

Y es ahí donde funciona Dead Set, cuando se usa la temática para hacer una crítica a dichos formatos televisivos, fenómenos fan y todo clasismo o divismo de pequeña pantalla. No es un producto que nos vaya a dar qué pensar durante semanas, pero sí entretiene, como en el gran momento Mika en que zombies y fans actúan de igual manera.

El resto no dista demasiado de lo visto sobre zombies, siendo más heredero Boyle que no de Romero. Y si bien los 4 primeros capítulos se hacen dinámicos, nos olemos un quinto precipitado que en 25 minutos debe cerrar la serie. Y efectivamente se precipita su conclusión e incluso el pretendido momento "confesionario" no acaba de cuajar, y deja a Dead Set como un pobre aporte a todo lo visto en el género.

En definitiva, un producto ameno y salvaje, con algún momento brillante y otros bastante divertidos. Una buena opción casera que mejora lo que ofrece el cine de terror en cartelera y nos da alas a pensar en cómo sería la versión patria del asunto.

Lo mejor: Los dos primeros capítulos presagian algo novedoso e inteligente.

Lo peor: Los dos últimos confirman que nos equivocamos.

El dato: Para los perezosos, os dejo links para verlo online subtitulado aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

martes, 9 de diciembre de 2008

Sucesos en la 4ª Fase: El día que dejamos de ser únicos


Siempre se ha especulado con cómo sería el primer contacto con una inteligencia superior, partiendo de la base que dicha inteligencia vendrá del exterior. Pero, ¿y si esa inteligencia surgiera de nuestro propio planeta? ¿Y si una especie evolucionara como nosotros y desarrollara una inteligencia primitiva? ¿Cuáles serían sus intenciones y cuál sería nuestra reacción?

Y esa es la propuesta de Saul Bass, mítico creador de títulos de crédito, en su única incursión en la dirección. Para ello adapta el guión de Mayo Simon y nos presenta un film a medio camino entre la serie B y el documental. La apuesta es sencilla, las hormigas desarrollan inteligencia y su bien organizada sociedad planta cara a los humanos. A partir de aquí, claustrofobia y dos científicos entre la lucha y el intento de comunicación con la nueva inteligencia.

El brusco cambio en el comportamiento en una comunidad de hormigas alerta a los científicos, que se trasladan al lugar para investigar. Ante la agresividad de éstas, y la imprevisibilidad (o inteligencia) de sus actos, deciden alertar a la población para que abandonen el lugar, quedando allí sólo dos científicos, James (Michael Murphy) y Ernest (Nigel Davenport).

Una pequeña familia de granjeros acatará tarde las órdenes y su huida hacia el bunker de los protagonistas coincidirá con el primer ataque de las hormigas a la nueva estación. Los insectos harán que su primer ataque deje sin suministro eléctrico a la estación y los científicos responderán con una lluvia tóxica de la que también serán víctima los granjeros, sobreviviendo sólo la más joven del grupo, Kendra (
Lynne Frederick). Encerrados, tendrán que hacer frente al asedio mientras buscan la manera de comunicarse con ellas.


Por mítica que sea la carrera de Saul Bass, su debut como director obliga a hacer borrón y cuenta nueva sin tener en cuenta su trayectoria. E igualmente se antoja difícil valorar su trabajo por lo experimental de éste, aunque finalmente satisfactorio. Aunque suene extraño, Saul Bass se propuso hacer actuar a las hormigas, y el resultado acaba siendo excepcional, donde los insectos actúan como anónimos protagonistas cuyos actos tiene un significado y, en ocasiones, poético.

Por poner un ejemplo, podemos ver a las hormigas ordenando en filas los cadáveres de las caídas en combate, a modo de funeral. Ese es el arma de doble filo del film, ya que si no fuera por la frialdad y lo cerebral de la propuesta, la cuota de pantalla para las hormigas se antojaría excesiva, caprichosa y, en ocasiones, risible.

Mientras vemos como los tres protagonistas son incapaces de sostener la situación, como una pequeña sociedad se derrumba por intereses personales y miedos, las hormigas representan el contraste. Una sociedad perfectamente organizada donde una obediencia ciega añadida a una inteligencia las convierte en superiores, donde cabe destacar la escena donde los insectos transportan un pedazo de la sustancia amarilla usada para acabar con ellas.

Los protagonistas cumplen correctamente con su labor, pese a la esterilizada puesta en escena. No requiere más empeño su labor cuando el esfuerzo de Saul Bass se vuelca en el rodaje de las escenas con hormigas, el plato fuerte del film. El resto de escenas se centran más en la experimentación y la búsqueda de una simbología que de elegancia a la cinta, como la escena de las torres de arena o la icónica imagen de la mano agujereada.

Siempre adscritos a la serie B, y con un tono eminentemente experimental, Bass y Mayo consiguen llevar a buen puerto su mensaje y sorprendernos con un guión muy preciso, donde en contadísimas ocasiones tendremos la sensación que no se nos está contando nada. Todo ello en 84 minutos muy bien medidos y con un reparto equitativo entre ambos bandos, dónde sólo podemos achacar falta de ritmo en su arranque que compensa lo claustrofóbico del resto de metraje.

En definitiva, una pequeña joya de obligatorio visionado para los amantes de la ciencia-ficción. 34 años cuenta a sus espaldas el film, y resulta sorprendente la intencionalidad de Saul Bass en las escenas con hormigas, tratadas como si de un personaje más se trataran. Tremendamente inteligente y la altura de cualquiera de las obras maestras del género, y con un mensaje que sigue teniendo la misma vigencia hoy día.

Lo mejor: Las escenas con hormigas.

Lo peor: Lo experimental de la propuesta puede no hacerla digerible a todo el mundo.

El dato: Uno de los valores añadidos del film, es el trabajo de Saul Bass con colores y texturas, de los que aquí tenéis una muestra.

domingo, 16 de noviembre de 2008

3 días: El fracaso del cine patrio que necesitamos


Cómo bien he leído en varios lugares de la blogosfera, nuestro escepticismo nos lleva a rechazar el cine que se hace en España. Ahora bien, cuando se acerca al estilo americano, obtiene su reconocimiento, como vimos con El Orfanato o [·REC], pero si se opta por huir de esa tendencia, y de la del drama social (la que realmente echa para atrás al espectador), se opta por encasillarla en ésta última y acomodarse en la butaca convencidos que el cine patrio carece de calidad.

3 días, la ópera prima de F. Javier Gutiérrez, junto a Los Cronocrímenes son las dos propuestas más interesantes del panorama cinematográfico español en lo que llevamos de año. Ambas se han saldado con estrepitosos fracasos en taquilla. Así premiamos el riesgo en este país, con una bofetada y yendo a ver alguna comedieta americana.

Alex (Víctor Clavijo) trabaja haciendo arreglos mientras vive con su madre (Mariana Cordero). Su frustrada existencia dará un cambio radical cuando los medios de comunicación anuncien el inminente fin del mundo a causa del impacto un meteorito. Al mundo, tal y como lo conocemos, le quedan 82 horas de vida.

La fuga de presos de las cárceles alertará a su madre sobre un criminal que intentó matarles en su juventud, y acabó con la vida de su hermano convertido en héroe del pueblo. Juntos se refugiarán junto a los 4 hijos de se hermana, que se haya ausente, para hacer frente primero a Lucio (Eduard Fernández) y después al día del juicio final.

Éste es el camino que debe seguir el cine español, rompiendo por completo la tendencia presente hasta ahora. Una apuesta por historias frescas, mezcla de géneros, con directores y guionistas sobrados de imaginación y entusiasmo. No podemos esperar obras maestras siempre, como no lo era Tesis, pero sí pequeñas joyas de fuerte influencia en obras venideras.

Se le reprocha al film ser un thriller que se refugia en el drama y la ciencia-ficción, con una premisa que supuestamente pierde fuerza. No estoy para nada de acuerdo, ya que el fin del mundo es motor y causa de la mayoría de acontecimientos que suceden en el film, dotándolo de profundidad y épica. Sabia mezcla de géneros que se combinan y se enriquecen mutuamente, y que, por separado, quedarían en la mera anécdota.

Las interpretaciones son más que correctas, con un Víctor Clavijo llevando el peso del film y mostrando perfectamente la evolución de su personaje. El resto de personajes bailan a su son y poca cuota de pantalla acaban por tener Eduard Fernández y Mariana Cordero. Sus interpretaciones dotan de sobriedad al film, pero con una tensión contenida que crece a medida que se precipitan los acontecimientos.

F. J. Gutiérrez firma una notable apuesta visual, claustrofóbica a la vez que parca en recursos. Con escenas de gran elegancia y unos tonos asfixiantes, nos acerca la cámara a los protagonistas una y otra vez, centrando la historia en ellos, como debe ser. Por contra, la banda sonora es bastante desacertada, donde lo único resaltable es su histrionismo que consigue crearnos cierta tensión.

En definitiva, un film excelente, una humilde apuesta que va más allá de tópicos y evita el uso recursos narrativos para alargar innecesariamente sus hipnotizantes 93 minutos. Una historia de redención y venganza al borde del abismo, donde cada acto carece de sentido a la vez que resulta definitivo. Un film cuyo atractivo riesgo nos permite perdonarle los pequeños fallos.

Lo mejor: La combinación de géneros y tramas.

Lo peor: Lo breve del papel de Eduard Fernández.

El dato: La recaudación en España duramente llegó a 300000€.

martes, 4 de noviembre de 2008

Southland Tales: Kelly tiene un hijo con David Lynch


Richard Kelly se siente ganador. Con Donnie Darko, un film que medio mundo no entendió y se convirtió en film de culto, sabe que ya tiene incondicionales que gozarán con su "nueva" propuesta. Y entrecomillo nueva porque el film es de 2006, y gracias a la feroz labor de la crítica no llegó ni a estrenarse en España, recaudando a nivel mundial la "friolera" de 375.000 dólares, que es lo que recaudó Camino, de Javier Fesser en su primer fin de semana sólo en España.

Batacazo tremendo para un Kelly que, no contento con proponernos un film tan enigmático como Donnie Darko, rueda su nueva apuesta como complemento a tres novelas gráficas creadas por él mismo. Vamos, que poco le cuesta a uno sentirse perdido, ya que no pedían requisitos mínimos para su visionado, y en todo caso, siempre queda la excusa de aferrarse al papel para justificar lo que no entendemos, por desconocimiento o falta absoluta de lógica, vamos.

Año 2008. Estados Unidos es un estado policial después de la 3ª Guerra Mundial, limitando las libertades y controlando las comunicaciones. Grupos rebeldes buscarán reventar el sistema al borde de unas elecciones con un policía (Seann William Scott), un estrella del cine desaparecida (Dwayne Johnson) y una actriz porno metida a estrella de la televisión (Sarah Michelle Gellar).

Con escasez de gasolina, una empresa alemana patentará un sistema inalámbrico de energía basada en las mareas, pero con efectos secundarios. Todo este collage será perfecta trama para la estrella Boxer Santaros en la creación de su primer guión, hasta que los hechos se sucedan exactamente como había escrito.

La fantasía onírica de Kelly no escatima en medios, y vuelve a caer en la ciencia-ficción. Con un reparto que, además de los reseñados antes, incluye a Christopher Lambert, John Larroquette, Miranda Richardson, Bai Ling, Justin Timberlake, Mandy Moore, Kevin Smith y una Zelda Rubinstein por la que no pasan los años. Reparto freak donde los haya, muy acorde con la propuesta cómico-apocalíptica que el director nos propone.

Pero más allá de la rareza, el problema de Southland Tales es centrarse demasiado en la propuesta estética, obviando ritmo y contenido. La forma deja intuir un contenido finalmente pobre, cosa que sitúa a Kelly como un esteta y no como un gran narrador. Pese a ello, y entendiendo que no para todos resultará suficiente, la fuerza de las imágenes es hipnotizante, cual si de la secuela de Blade Runner se tratara.

La historia se nos presenta confusa, inconexa, sin un propósito claro desde el principio. Una fantasía coral en la que cuesta ubicar las piezas y esperar que cuadren y de la que sólo escapamos satisfechos si dejamos que las respuestas lleguen a nosotros como olas. Ello tiene su contraprestación en que a Kelly le gusta su universo, y abusa de escenas intrascendentes con más anécdota que contenido.

En el apartado técnico, nada que reprochar. Kelly tiene su sello y lleva con elegancia el film a su terreno, ayudado de Moby en la banda sonora y de una cuidada fotografía. Pomposa a la vista, pretenciosa en historia y vacía de alma, con un más que correcto montaje que sus 145 minutos no se hagan eternos.

En definitiva, un film tan interesante como personal, un globo demasiado inflado por el historial del firmante y que sólo se disfruta con la mente en blanco. Un artificioso truco que esconde lagunas argumentales y a cambio nos regala cierta poesía visual.

Lo mejor: El hipnotizante mundo apocalíptico que se nos presenta.

Lo peor: Sentirnos abrumados por una historia que se antoja más amplia de lo que es.

El dato: En palabra de Kelly, el film es un híbrido de las sensibilidades de Warhol y Philip K. Dick.

jueves, 9 de octubre de 2008

Blindness: La esencia humana es una bruma blanca


Seré directo: No he leído Ensayo sobre la ceguera, novela de José Saramago en la que se basa Blindness, la nueva película de Fernando Meirelles. Habrá quien opine que con ello pierdo gran parte de la esencia que el film intenta evocar, pero la crítica de un film es eso, no la comparativa entre ambos. Son experiencias totalmente distintas, y un absurdo pretender equipararlas y valorarlas de igual a igual.

Así que es normal que todo lo que anunciaba Meirelles que había optado por insinuar llegue a nosotros como semilla que en cada uno dará su fruto. Y es aquí donde tenemos la base de un film cercano a lo filosófico, donde no se nos dan respuestas, sino preguntas disfrazadas con hechos. Una apuesta cercana a Hijos de los hombres, pero que navega en un terreno más metafísico.

Época actual, una ciudad cualquiera, y un conductor (Yusuke Iseya) que queda ciego en medio del tráfico. Su especialista (Mark Ruffalo) no verá nada anormal, y de lo que se considera un caso aislado brotará una epidemia imparable. El doctor se verá afectado y aislado junto a su mujer (Julianne Moore), que fingiéndose afectada viajará con él a una instalaciones donde no pararán de llegar infectados.

Abandonados a su propio autogobierno en un mundo que ni ven ni les ve, se verán sumergidos en una redefinición de su propia existencia bajo el yugo de la violencia y el hambre. Sólo la figura de la mujer del doctor será capaz de hacer ese viaje como pasajera y espectadora, siendo Virgilio, caballo de Troya y Mesías moderno.

Visualmente impactante, arriesgada y hermosa, a la par que fría y aséptica. Meirelles ni se casa ni deja indiferente a nadie, explora su propio lenguaje cinematográfico siempre con una intención hacia el espectador. Nos propone una historia de contrastes, un terreno moral resbaladizo y un tablero en blanco donde se dibujan las piezas y las reglas progresivamente.

El film bascula sobre el personaje de Julianne Moore, como espejo de la decadencia y motor de la esperanza. Decir que está bien es poco, y todos conocemos de qué es capaz esta actriz. En su periplo la acompañan Mark Ruffalo, Danny Glover, Gael García Bernal y Alicia Braga, todos ellos siendo satélites en la historia pero correctos en sus papeles.

Y no es casual que Moore tenga más protagonismo que el resto, a diferencia de la novela. Puntualmente Meirelles pretende sumergirnos en el infierno de los ciegos, con planos a caballo entre la crueldad y la elegancia, pero su intención es que veamos el mundo a través de los ojos de la mujer del doctor. Ello lleva a una serie de planos que podrían perfectamente sobrar por su obviedad, como la escena del supermercado. Y es que aunque se suela decir que los grandes films son los que plantean más preguntas de las que responden, la falta de respuestas a veces esconde una ausencia de rumbo que lleva a detenerse en cualquier isla desierta.

No podrá negar nadie que la apuesta era arriesgada, y probablemente deje fríos a la mayor parte de espectadores, pero es esa clase de films que uno se lleva a casa y sólo la rutina diaria acaba con su sello. ¿Eso la hace mejor? Pues no, es una rareza de la que Meirelles sale bien parado con una historia donde el blanco y el negro se presentan en dos horas, y los grises los pone el espectador. No en vano los personajes son anónimos, ciegos, y se les conoce por sus actos y no sus etiquetas.

En definitiva, un film extraño, tan hechizante como aburrido, tan personal como anónimo. Un relato desesperanzador sobre lo mejor y lo peor de la condición humana y el frágil castillo de naipes sobre el que se construye un sistema ético y moral en el que amoldar nuestra identidad.

Lo mejor: Junto a la dirección, la fotografía de Marco Antônio Guimarães.

Lo peor: Algunas escenas redundantes.

El dato: Los actores prepararon las escenas de grupo de manera similar a como vemos en el film, abandonados en calles desiertas. Y como era de esperar, ya ha habido asociaciones de invidentes que han protestados sobra la imagen dada en el film.

miércoles, 30 de julio de 2008

Wall·E: Pixar se pasa a la poesia


Que Pixar es capaz de crear historias y guiones muy superiores a la de mayoría de films de la cartelera, lo sabemos. Que muchos de sus personajes son más carismáticos y expresivos que muchos de los actores en activo, lo sabemos. Que la magia y la creatividad de muchos de sus films dejan en evidencia a todo el gremio de guionistas, lo sabemos. Lo que no sabíamos es que, más allá del entretenimiento y las grandes historias que nos han planteado en sus films, eran capaces de crear semejante poesía visual como la que desborda Wall·E.

Vuelve a la dirección Andrew Stanton después de Buscando a Nemo, y firma una hermosa historia de amor entre robots, en la que, no dudo en afirmar, es la mejor película de Pixar y puede que del año. Cuando un film es capaz de hacerte reír y llorar con una sincera emotividad, con un preciosismo extremado, con un claro homenaje al cine mudo y el musical, y tiene unos personajes tan adorables, uno no puede más que aplaudir efusivamente ante el maravilloso regalo de Pixar.

En un futuro lejano, Wall·E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class) es un robot creado para limpiar la basura de un mundo abandonado por el exceso de residuos. Su rutinaria vida transcurre entre escombros, con los que construye edificios, guardando las rarezas en su colección personal, donde la estrella es un VHS con Hello Dolly! grabado en él. En su refugio sueña con el amor, baila con las canciones del film y cuida de su pequeña mascota, una cucaracha domesticada que sobrevivió a la contaminación.

El descubrimiento de una frágil planta dentro de una nevera vendrá acompañado con la llegada de una nave que transportará una robot llamada EVE (Extraterrestrial Vegetation Evaluator). Mucho más moderna que Wall·E, y centrada en su trabajo, no hará caso a nuestro protagonista, mientras éste intentará llamar su atención, enamorado de ella desde el principio. Pero cuando ella descubre la planta, entrará en letargo y una nave vendrá a recogerla, si Wall·E no consigue evitarlo.

Reconozco que me he enamorado del film, sus primeros 40 minutos son pura poesía, pura delicia, ingeniosos y emotivos a raudales. Charlot hecho robot, un personaje curioso, inocente, divertido, cuya vida de un tumbo cuando llega una mujer robot sin ningún interés en él. Un personaje más humano que muchos humanos, con un hogar decorado con luces y lleno de recuerdos de otros, y un sueño, amar y ser amado, pasear de la mano con EVE.

A esa historia hay que añadir la intencionalidad moralista de Stanton, mostrando un mundo devastado donde toda la responsabilidad es dejada a los robots, hasta hacer inhabitable el planeta. Por contra tenemos un robot que mira a ambos lados antes de adentrarse en las vías del metro, que cuida a una cucaracha como a un hijo, que trabaja sin descanso y con pasión, disfrutando de los restos de un planeta que dejamos abandonado.

Si bien esos primeros 40 minutos son para recordar, un sonado homenaje al cine mudo (cualquier diálogo hubiera roto la magia) y al musical con los acordes de Hello Dolly! salpicando las bellas escenas, a partir de ahí el film cae en el mejor sello Pixar, el de Buscando a Nemo y Ratatouille. No con ello empeora el film, sino que empieza, entramos en esa espiral vibrante de malentendidos, carcajadas y la aparición de una serie de personajes divertidísimos, como M-O, obsesionado con la limpieza.

Es aquí donde más dura se vuelve la crítica hacia las personas, con la representación de una especie que vive en camillas que flotan a los que las máquinas hacen todo. Obesos y sin necesidad siquiera de andar, viven en una nave desde que 700 años antes abandonaran la Tierra, incomunicados haciendo vida a través de sus pantallas. Un mensaje sencillo y directo que gana fuerza gracias al carisma de los robots que pondrán patas arriba la vida en la nave.

En definitiva, Wall·E es magnífica, inolvidable, un viaje de la poesía al mejor entretenimiento pasando por la crítica. Una colección de guiños a Chaplin, Hello Dolly!, 2001 y muchas otras servidos con una imaginación desbordante y obviando las palabras cuando los hechos y las imágenes son mucho más poderosas. Wall·E te bombardeará emocionalmente, te hará reír y llorar, y cuando quieras darte cuenta, ya te lo habrás llevado a casa contigo.

Lo mejor: El carisma del personaje y sus primeros minutos en pantalla.

Lo peor: El giro de los acontecimientos cuando estamos disfrutando de tan hermosa historia.

El dato: Ojo al corto de presentación, Presto, una divertidísima locura.

martes, 10 de junio de 2008

El Incidente: El funambulista que murió de sí mismo


Si pasas tu carrera caminando sobre la cuerda floja, claro está que llega el día que finalmente te la pegas. Y el problema viene de acostumbrarse precisamente a eso, a caminar sobre el alambre, a arriesgar como propuesta y no como medio. Eso acaba por llevarte a cada vez intentar el más difícil todavía, el triple salto mortal sin red, y como los saltadores de pértiga, acaba por haber un máximo que no puedes sobrepasar.


Admito que me apasiona el cine de M. Night Shyamalan, cada visionado de sus anteriores films las hacen mejores, al igual que admito que para disfrutarlo hay que entrar en su mundo, tal como se nos pedía al inicio de La joven del agua. Y siendo un admirador de su talento y sus films, más me duele decir que el batacazo con El Incidente va a ser el mayor de su carrera, aunque esperamos que sirva para ser el último.

Elliot Moore (Mark Wahlberg) es profesor de ciencias en un instituto, cuando un extraño ataque en Central Park ha acabado con la vida de muchas personas. Alertados por un posible ataque terrorista, él, su hermano (John Leguizamo) y su mujer (Zooey Deschanel) deciden huir con su sobrina a casa de su madre.

Las noticias que les llegan de viaje sólo hablan de más ataques en otras ciudades y de que el causante del ataque no es otro que la flora. Su tren les dejará en una pequeña ciudad, lejos del perímetro de seguridad donde se localizan los ataques, y deberán hacer lo posible para sobrevivir a un ataque tan extraño como imprevisible, donde la gente afectada acaba con su propia vida.

Shyamalan ha ido más allá que nunca, tanto que incluso ha perdido parte de su estilo, y más importante, su fuerza narrativa. No sabemos si esa falta de pasión, en un guión que él mismo ha escrito, viene por no creer realmente en su proyecto, o simplemente espera que sus incondicionales basten para hacerlo rentable. El hecho es que es el menos Shyamalan de sus 6 últimos films.

Si bien antes fue capaz de conmovernos con escenas sencillas, ahora tiene un material para poner los pelos de punta y no lo consigue. Esa potencia visual de antaño no la vemos presente en éste film. Como muestra, su inicio, con una escena que provocará alguna carcajada en el cine, seguida de la escena de los albañiles, de lo más aterrador que he visto en años. Y ahí se queda ese empeño, ya que el resto del film no llega a tripas, corazón y casi ni a la cabeza, navegando a veces entre el humor, la sencillez o el absoluto tedio ante una situación tan desesperada.

Y el problema no es un quiero y no puedo, sino que no parece haber encontrado la fórmula o no haberla buscado con ahínco. Ni las escenas emotivas fluyen con la fuerza de El Bosque, ni sentimos el terror y la elegancia en la apuesta de Señales o El protegido. Y es un duro golpe afirmar que el resultado es impersonal siendo Shyamalan un autor con un sello tan único, y responsable de dirección y guión.

Por contra, Mark Wahlberg se erige como protagonista absoluto y completa un trabajo excelente, así como John Leguizamo también realiza una correcta interpretación. Por contra, la protagonista femenina tiene más de decorado que de actriz, y desentona mucho con respecto a sus compañeros de reparto. La banda sonora queda a cargo nuevamente de James Newton Howard, que no completa banda sonora mala, y una vez más nos presenta una gran banda sonora.

En definitiva, Shyamalan completa un film muy flojo, un mal intento de cambio de rumbo sin perder la identidad, tanto que ni tiene el clásico giro final. Y lo peor es que el Shyamalan que hacía soñar, nos podía contar cuentos de hadas que nos los creíamos, en este caso nos cuenta una historia que sin adornos acaba por ser ridícula.

Vamos, que El Incidente también tiene sus síntomas. El primero es el habla confusa ("¿Pero qué narices...?","¿Cómo que ahora...?"), el segundo es la parálisis, y al tercer síntoma puede que ya estés dormido.

Lo mejor: La escena con los albañiles.

Lo peor: El toque serie B no ayuda al tono del film.

El dato: El próximo proyecto del director será la adaptación de Avatar: la leyenda de Aang, una serie animada.

sábado, 15 de marzo de 2008

La Niebla de Stephen King: Aburrimiento de supermercado


Hay directores cuya carrera se ha visto directamente ligada a la obra de un autor. En la mayoría de casos ese autor es Shakespeare, buena prueba de ello la tenemos en Kenneth Brannagh. A él se une Frank Darabont, cuyos gustos literarios son más cuestionables. Ambos directores han llevado 4 obras de sus autores predilectos a la pantalla, coincidiendo además en la adaptación que Brannagh hizo del Frankenstein de Mary Shelley, cuyo guión firmaba Darabont.

Si bien el éxito sonrió a éste último en la excelente Cadena Perpetua, después ha caído en el olvido pese a firmar La Milla Verde y The Majestic.Ahora nos llega La Niebla de Stephen King, fracaso en la taquilla americana. La película está basada en un relato corto de Stephen King, de igual título y que nos narra la llegada de una extraña niebla a un pequeño pueblo, que dejará a los habitantes encerrados en un supermercado.

David es un dibujante al cual una tormenta coge en plena creación. Al salir de su refugio junto a su hijo y su esposa descubre que un árbol ha ocupado su estudio. Para colmo de males, el árbol de un vecino ha destrozado su embarcadero y será hablando con él que den cuenta de una misteriosa niebla que ocupa el lago.

Sin darle más importancia al asunto, se dirige al supermercado del pueblo cuando la niebla lo cubre por completo. Un lugareño sobrevivirá a ello siendo testimonio para el resto de habitantes hacinados en el comercio. El superviviente afirmará no haber visto nada, pero saber que algo se esconde en la niebla que se ha crujido a su vecino.

Con la duda sobre si creerle o no e incapaces de ver nada a través de los cristales, ninguno tomará el riesgo de salir a ver qué sucede, mientras la iluminada del pueblo vaticinará la llegada del Apocalipsis. Aquí posiblemente se abre el único punto interesante del film, que será el ascenso de la beata hasta creerla la enviada de Dios.

El gran problema del film es su falta de emoción, en todos los sentidos. Los personajes apenas son emocionales y las escenas de acción rodadas muy desapasionadamente, casi como si un film de serie B fuera, conjetura que cuadra perfectamente con los flojos efectos especiales. Pero de ninguna de las maneras el film funciona, dejando todo el interés en la interacción entre los personajes. Esa era la idea, ver que el ser humano puede llegar a ser terrorífico en contraste con la amenaza externa, pero por desgracia no está bien aprovechada.

La reacción de los personajes ante la casi segura muerte de sus familiares apenas tiene importancia, y los seguidores de la creyente pasan de odiarla a amarla y obedecerla incluso en los actos más bárbaros. Cierto es que la supervivencia nubla el juicio, pero el cambio se produce demasiado rápido y no vemos ni un solo diálogo que ponga cara a cara ambas posturas. Sólo vemos los que tienen la certeza de su megalomanía, y los que la siguen sin cuestionarla.

Los seres, que supuestamente vienen de una dimensión paralela a causa de un experimento militar, tienen un diseño y una efectos bastante flojos, a excecpión del ultimo de ellos que vemos hacia el final del film. Final potente pero desubicado, ya que no parece encajar en lo visto hasta ese momento, y menos en el relato de Stephen King, ya que no acababa así el original.

La dirección mas bien se limita a seguir camara en mano a los actores, y sin lucir, cumple. Pero los actores parecen totalmente perdidos en la adaptación, no convencen en absoluto y el aspecto interpretativo sólo lo salvan la beata (Marcia Gay Harden) y el cajero (Toby Jones).

En definitiva, un film malo, flojo, pero curioso teniendo en cuenta que la cabeza de Stephen King da para mucho.

Lo mejor: Las pocas veces que el film consigue transmitir claustrofobia.

Lo peor: Los actores, sin duda.

El dato: Darabont tuvo la valentía de poner un final como el de este film, diferente al del libro.

lunes, 14 de enero de 2008

Threads: El fin del mundo conocido


Cuando empecé a recopilar películas e información sobre como el cine han tratado un cataclismo nuclear, en la gran mayoría de listas aparecía Threads como el más escalofriante de todos ellos. Se trata de un telefilm de la BBC que a modo de documental nos muestra los devastadores efectos que tendría en Inglaterra un ataque nuclear.


¿Es para tanto? Pues sí, merece la fama que tiene ya que no escatima en detalles. Cierto es que el valor artístico no prevalece sobre la historia que cuenta, algo parecido a lo que ocurre con Las tortugas también vuelan. Son películas donde la historia está muy por encima del modo en que están narradas. Pese a todo, el falso documental no va más allá en sus intenciones, queda claro desde el principio su intencionalidad, lejos de parafernalias y estéticas.


La primera parte del film, nos muestra la vida diaria de la población de Sheffield (donde se centran los hechos narrados), de la misma manera que vimos en El día después, pero con un tono más impersonal, y haciendo más hincapié en cómo el gobierno organiza un plan preventivo ante el posible ataque. Con ello se consigue un realismo asombroso, y hace más creible e impactate el posterior caos.

El film nos va dando datos sobre cómo se divide el poder una vez empezado el ataque, los números que se derivan (víctimas, alimentos, combustibles, etc.) y nos indica los diferentes saltos temporales, que van desde los dos meses antes de la guerra, a más de una década después de ella. Devastador el panorama y la concreción que se nos muestra de un Reino Unido una década después de las explosiones nucleares, donde la población se ve reducida a índices medievales, los que vivieron los ataques han muerto y sus descendientes no han conocido otro mundo, son analfabetos, apenas saben hablar y luchan por sobrevivir. Como bien muestra la escena que cierra el telefilm, los efectos de la radiación se hacen notar también en las generaciones siguientes.

La puesta en escena huye de cualquier concesión, de artificios que distraigan al realismo. La visión de los enfermos por radiación es cruda, y entre otra escenas vemos a una madre totalmente perturbada con el cuerpo de su bebé quemado entre los brazos, o la de perros comiéndose a los muertos que las famílias deben dejar en las puertas de las casas para su recogida.

El debate que puede generar sobre si la faceta concienciadora del film está por encima de la objetividad ante tales hechos, queda para cada uno. Seguramente el retrato está llevado a su extremo más devastador, pero tampoco hace que éste quede lejos de lo que pasaría realmente.

En definitiva, una película devastadora, hecha con las tripas casi más que con la cabeza.

Lo mejor: Todo el entremado preparatorio que se nos muestra a nivel gubernamental antes del ataque.

Lo peor: La escena del hombre al que sorprende defecando el ataque.