Y es que un Terminator sin Arnold Schwarzenegger es menos Terminator, pero sin viajes en el tiempo el asunto ya va por otros derroteros. Esa es precisamente la propuesta, una ruptura con los films anteriores en busca de la tan prometida guerra con las máquinas, cambiando drásticamente las reglas del juego. Dicho cambio lleva a cambiar género por lentejuelas, perdiendo un sello que sin título ni guiños nos hubiera podido parecer secuela de cualquier otra franquicia. No se le puede negar a McG que su film entretiene a ratos, pero mientras el reloj corre Terminator Salvation acumula pecados uno tras otro, confirmando la certeza de que no hay historia que contar sino sólo un paisaje que recrear. Todo ello entre pequeños homenajes a films de toda índole, algunos respetuoso, otros risibles y la gran mayoría forzados.
El film arranca en el presente, para inmediatamente llevarnos al futuro en una escena que augura un buen espectáculo. John Connor (Christian Bale) en plena operación, bendecido por la fortuna mientras se forja la (supuesta) leyenda y en el primer enfrentamiento que vemos con un Terminator, que vuelven a ser realmente temibles. Más allá de eso los esfuerzos se centran en mostrar una gran variedad de diseños que ni intimidan ni sorprenden.
Y probablemente ese sea el mayor problema de Terminator Salvation, el no ser capaz de proponer nada nuevo y acabar cayendo continuamente en la previsibilidad. Es ahí donde McG se cree que realmente es bueno filmando escenas de acción y se olvida que estas deben tener un propósito y un motivo dentro de la historia, siendo la mayoría números en un presupuesto y pasto para el olvido.
Es un hecho frecuente en el cine de acción moderno que el simple propósito de abrumar aunado al auge de los efectos digitales ha volcado sobre el cine de acción una serie de vicios que acaban por eliminar la tensión. Gran parte pasa por la pérdida del realismo a manos de fondos verdes y azules, pero ese realismo también es fruto de una puesta en escena, un rodaje, montaje y planificación que junto con las interpretaciones nos parezcan verosímiles, y Terminator Salvation carece de todo eso.Y es que cuando se juegan esas bazas y se abusa de dichas fórmulas comerciales, el mayor resultado posible es cumplir las expectativas, sin más, cayendo en el saco roto del anonimato que tan lejos queda de las dos primera entregas de la saga, obras maestras en su género.
Más allá de todo eso quedan las lagunas argumentales (con guión a cargo de John D. Brancato y Michael Ferris, responsables de la 3ª entrega), los giros imposibles, y sobretodo el saltarse algunas normas del universo Terminator en pro de concesiones fáciles a la galería que ya asomaron la cabeza en la tercera entrega. Un ejemplo de todos los defectos aglutinados lo tenemos en la escena en que Blair (Moon Bloodgood) es atacada por 3 humanos y salvada por Marcus (Sam Worthington), claro ejemplo de escena tan previsible, como absurda y sobrante.
Y con todo ello no deja de ser un film entretenido y espectacular a ratos, pero vacío y poco digno del nombre que lleva, sumergiéndonos en una historia esperada durante 25 años y que acaba por resultar paupérrima. Y es que cuando se dedica más tiempo al diseño de diferentes criaturas que al propio guión, el resultado no puede ser otro que imposibilitar la implicación del espectador con la historia.
En definitiva, Terminator Salvation funciona mejor cuando huye de sí misma para encontrarse con su etiqueta, abandonando la falsa épica medida en tamaño para enfrentar tan mortales máquinas cuerpo a cuerpo, como ha sido siempre, una cuestión personal, entre Ripley y el octavo pasajero, Deckard y Roy, Frankenstein y Frankenstein o Adán y su creador.

























