Film de 1992, antes que ha Branagh se enamorara de sí mismo. Un film que navega entre el drama y la comedia, con un plantel con gente de la talla de Emma Thompson, Kenneth Branagh, Stephen Fry, Imelda Staunton y un jovencísimo Hugh Laurie.
Pues hoy vengo con una propuesta del amigo Videodromo:Las películas de mi vida. La idea es elegir un film por año desde que nacimos hasta la actualidad, pero en mi caso, alternaré los que son mis favoritos ahora y los que me emocionaron en su momento. No es una lista tan larga, ya que sólo cuento 29 Febreros.
1979: Obviamente no es puedo decir qué film me impactó más, ya que Mira quien habla aún no se había estrenado. Pese a una joya del género como Alien, el film del año, sin duda, fue Apocalypse Now.
1980: Complicada elección, ya que por debilidad personal y por visionado adolescente, El resplandor ganaría por KO. Posteriormente he podido ver las maravillas de Scorsese y Redford, que lucharon por la estatuilla dorara con Toro Salvaje y Gente Corriente respectivamente. Así que ante al duda, siempre Kubrick.
1981: Mi favorito de ese año sin duda lo es también para muchos de vosotros, ya que el sombrero y el látigo eran garantía de tarde de domingo inolvidable. Se estrenaba En busca del arca perdida, y nacía una leyenda. 1982: Ese año nacieron dos joyas de la ciencia-ficción moderna, una familiar y otra de culto. Sin duda Blade Runner, a día de hoy, me parece imprescindible y de obligado y periódico visionado, mientras que ET algo más cercano al acto social.
1983: Año en que George Lucas cerraba su trilogía galáctica, o eso creíamos. El retorno del Jedi es mi elección para el año 1983.
1984: Sin duda, todo niño elegiría Indiana Jones y el templo maldito, pero ese año dió dos titanes cinematográficos como Terminator y Amadeus. Y es la obra de Milos Forman la que me llevaría a una isla desierta. Prodigiosa.
1985:Marty McFly. ¿Hace falta que diga algo más?
1986: Cierto es que la secuela de Alien aterrorizó al mundo y consolidaba la carrera de James Cameron, pero siempre tuve la debilidad por ese grupo de chicos surgidos de la mente de Stephen King y la vista de Rob Reiner. Cuenta conmigo es mi pequeño clásico de 1986.
1987: Vietnam, el recluta Patoso, Surfin´ Bird y Kubrick. La chaqueta metálica, el último film que el genio de Nueva York pudo estrenar es mi elección para el año 1987. Eso sí, la mente de un niño nunca olvida dos grandes obras estrenadas ese año: Robocop y Depredador.
1988: John McClane, un rascacielos y un grupo de terroristas liderados por el genial Alan Rickman. Con un título de los de antes, "duro de matar" que aquí se tradujo por Jungla de Cristal.
1989: Indiana Jones cerraba sus aventuras cabalgando hacia el ocaso acompañado de su padre y sus colegas. Y con un puñado de escenas para el recuerdo nos dejó Indiana Jones y la última cruzada, que en mi opinión, es la mejor película de 1989.
1990: Scorsese y Liotta a pleno rendimiento en el año en que Costner tocó el cielo con Bailando con Lobos. Uno de los nuestros es podría ser la mejor película de 1990, pero mi favorita es Cyrano de Bergerac.
1991: ¿Qué pasó ese año? Pues que bajábamos cada tarde al videoclub con la esperanza que estuviera disponible alguna copia de El silencio de los corderos. Un film que desde El Golpe no aunaba a crítica y público.
1992: El western volvía la palestra de la mano de uno de sus iconos. Un Eastwood al que aún le quedarían muchas joyas que dirigir. Pese a la memorable adaptación del Drácula de Stoker que hizo Coppola, Sin Perdón es la mejor película de 1992.
1993: Año con 3 films para cada manera de enfocar el cine. El cine de aventuras brillaba con esa revolución llamada Jurassic Park, el de autor con esa joya musicada que fue El piano, y el de grandes presupuestos nos hacía revivir el holocausto con la obra maestra de Steven Spielberg. La lista de Schindler sería mi elección en tan reñido año.
1994: Pese a no ser un adepto del señor Tarantino, reconozco que Pulp Fiction fue el film del año y el único que a Quentin le ha salido redondo. Mi elección, pese a eso, es Cadena Perpetua.
1995: Pese a obras maestras como Casino, Sospechosos habituales, Los puentes de Madison o Leaving Las Vegas, mi elección es Braveheart. Que no, que es coña, la mejor película, la que más me impresionó fue Se7en.
1996:El paciente inglés, y punto pelota. No solo la mejor del año, sino posiblemente de la década.
1997: Año de Titanic, Mejor imposible, L.A. Confidential y La vida es bella. Grandes films, entre los que destaca El indomable Will Hunting, mi film favorito de ese año. 1998:Shakespeare in love, American History X, El Show de Truman, todos ellos grandes films. Pero las imágenes que no hemos podido olvidar de ese año son las de Omaha Beach en Salvar al soldado Ryan.
1999:Matrix, Solas, El verano de Kikujiro, El sexto sentido, Las normas de la casa de la sidra o El club de la lucha. Un gran año en el que me quedaría con la soberbia El dilema, si no fuera por un film con tantos seguidores como detractores: Magnolia.
2000: El milenio comenzó con un año memorable para el cine independiente, con joyas como Memento, Deseando amar, Requiem por un sueño, Snatch o Bailar en la oscuridad. Las grandes producciones brillaron con Tigre y Dragón, Gladiator o Traffic, pero mi candidata es Amores Perros.
2001: Comenzaba la era del anillo y de Harry Potter, junto a films como Amelie o Enemigo a las puertas. Pese a eso, me quedo con la pequeña maravilla que es Donnie Darko.
2002:Ciudad de Dios, Camino a la perdición, El pianista, El caso Bourne o 28 días después son ejemplos de lo bueno que vimos pasar por la cartelera. Pero sin duda, el film más esperado por un servidor, y más disfrutado en la gran pantalla fue Las dos torres.
2003: Muchos recordarán este año por Good bye Lenin!, Mi vida sin mi, Mystic River u Old Boy. Otro incluso por el inicio de la saga de los Piratas del Caribe, pero el binomio que me impactó a mí fue El retorno del rey y Lost in translation. Apuestas opuestas de las que si tuviera que quedarme con una, sería con la obra de Jackson. 2004: Año en que nacía Lost. En cuanto a cines Puzzle asomaba la cabeza en la única entraga buena de Saw, Hitler volvía con El Hundimiento, El diario de Noa almibaraba las salas y Crash tenía más eco que calidad. Tito Clint se doctoraba en los Oscar con la inolvidable Million Dollar Baby, y si su obra me conmocionaba, más lo hacía ¡Olvídate de mí!.
2005: Mientras Sin City, La guerra de los mundos y Batman Begins se repartían las taquillas, los films que me cautivaban eran Hijos de los hombres, por su arriesgada apuesta y revisión del género, y Match Point, mi favorita del año.
2006: El año de los espartanos, de La vida de los otros y el reconocimiento a Scorsese con Inflitrados. Guillermo del Toro se forró con El laberinto del fauno, y entre tanto film sobrevalorado llegaban a nuestras pantallas El Truco Final y Once. Pese a calarme hondo la independiente apuesta de musicada, me quedo con el intelegente truco de Nolan.
A los 66 años ha muerto Michael Cricthon en Los Ángeles. Autor de sobra conocido por obras como Jurassic Park, El hombre terminal, Acoso, Twister o La amenaza de Andrómeda. Además, es el creador de la famosa serie Urgencias.
Hoy me salgo de la tónica y propongo una banda sonora algo menos melódica, pero igualmente un clásico. Compuesta por Basil Poledouris, que también se hizo cargo de la secuela y de otros films tan conocidos como El lago azul, Robocop, La caza del Octubre rojo o El libro de la selva (la versión no animada).
Richard Kelly se siente ganador. Con Donnie Darko, un film que medio mundo no entendió y se convirtió en film de culto, sabe que ya tiene incondicionales que gozarán con su "nueva" propuesta. Y entrecomillo nueva porque el film es de 2006, y gracias a la feroz labor de la crítica no llegó ni a estrenarse en España, recaudando a nivel mundial la "friolera" de 375.000 dólares, que es lo que recaudó Camino, de Javier Fesser en su primer fin de semana sólo en España.
Batacazo tremendo para un Kelly que, no contento con proponernos un film tan enigmático como Donnie Darko, rueda su nueva apuesta como complemento a tres novelas gráficas creadas por él mismo. Vamos, que poco le cuesta a uno sentirse perdido, ya que no pedían requisitos mínimos para su visionado, y en todo caso, siempre queda la excusa de aferrarse al papel para justificar lo que no entendemos, por desconocimiento o falta absoluta de lógica, vamos.
Año 2008. Estados Unidos es un estado policial después de la 3ª Guerra Mundial, limitando las libertades y controlando las comunicaciones. Grupos rebeldes buscarán reventar el sistema al borde de unas elecciones con un policía (Seann William Scott), un estrella del cine desaparecida (Dwayne Johnson) y una actriz porno metida a estrella de la televisión (Sarah Michelle Gellar).
Con escasez de gasolina, una empresa alemana patentará un sistema inalámbrico de energía basada en las mareas, pero con efectos secundarios. Todo este collage será perfecta trama para la estrella Boxer Santaros en la creación de su primer guión, hasta que los hechos se sucedan exactamente como había escrito.
Pero más allá de la rareza, el problema de Southland Tales es centrarse demasiado en la propuesta estética, obviando ritmo y contenido. La forma deja intuir un contenido finalmente pobre, cosa que sitúa a Kelly como un esteta y no como un gran narrador. Pese a ello, y entendiendo que no para todos resultará suficiente, la fuerza de las imágenes es hipnotizante, cual si de la secuela de Blade Runner se tratara.
La historia se nos presenta confusa, inconexa, sin un propósito claro desde el principio. Una fantasía coral en la que cuesta ubicar las piezas y esperar que cuadren y de la que sólo escapamos satisfechos si dejamos que las respuestas lleguen a nosotros como olas. Ello tiene su contraprestación en que a Kelly le gusta su universo, y abusa de escenas intrascendentes con más anécdota que contenido.
En el apartado técnico, nada que reprochar. Kelly tiene su sello y lleva con elegancia el film a su terreno, ayudado de Moby en la banda sonora y de una cuidada fotografía. Pomposa a la vista, pretenciosa en historia y vacía de alma, con un más que correcto montaje que sus 145 minutos no se hagan eternos.
En definitiva, un film tan interesante como personal, un globo demasiado inflado por el historial del firmante y que sólo se disfruta con la mente en blanco. Un artificioso truco que esconde lagunas argumentales y a cambio nos regala cierta poesía visual.
Lo mejor: El hipnotizante mundo apocalíptico que se nos presenta.
Lo peor: Sentirnos abrumados por una historia que se antoja más amplia de lo que es.
El dato: En palabra de Kelly, el film es un híbrido de las sensibilidades de Warhol y Philip K. Dick.
Pues para un actor que anuncia su retirada. Nada más y nada menos que a sus 34 años recién cumplidos, Joaquin Phoenix decide abandonar el cine para centrarse de lleno en su carrera musical. Sorprendente noticia, teniendo en cuenta la prometedora carrera del actor puertorriqueño. Su representante ha confirmado la noticia, que saltó en un acto homenaje a Paul Newman.
Hoy vengo con una fácil, El silencio de los corderos, pero no con diálogos entre Clarice y Lecter. La escena es el encuentro entre el doctor y la senadora, sin desperdicio alguno, y con la voz original del actor.
Si bien la tendencia en mis compañeros de tertulias cuando sale a relucir el nombre de Brad Anderson es valorar Session 9 como muy apreciable y al El Maquinista como un pretencioso somnífero, mi opinión sobre ambos films es justo la contraria. El Maquinista es, a mi parecer, un trabajado thriller psicológico y Session 9 un esperpento que sólo inquieta cuando tira del recurso fácil.
Aunque seáis contrarios a mi opinión, morgueros, no huyáis de esta entrada ya que en la valoración de Transsiberian todos coincidimos: Es un peñazo. Excesiva en duración, pretenciosa y forzada, todo volcado hacia el drama y análisis de su protagonista en una especie de catarsis existencial que justifique el suspense. Demasiadas carambolas para apuesta tan raquítica.
Roy (Woody Harrelson) y Jessie (Emily Mortimer) son una pareja americana que se embarcan en tareas humanitarias para escapar de la rutina. Con un pasado de adicciones y desfases, Jessie encuentra en Roy su salvavidas, pese a que dentro de ella sigue sintiendo la tentación de una vida más aventurada. Su medida aventura les llevará a coger el transiberiano, donde compartirán departamento con Carlos (Eduardo Noriega) y Abby (Kate Mara).
Los extraños inquilinos empezarán a inquietar a la pareja, sintiéndose Jessie identificada con Abby y atraída por Carlos. La intrigante compañía unida a la desaparición de Roy y la presencia de un agente antidroga (Ben Kingsley) acabará de dar emoción a un viaje aparentemente tranquilo.
Introducción, nudo y desenlace, premisas básicas en la narración de una historia, y no lo digo yo, se sabe desde hace más de dos mil años. Cuando Brad Anderson (en colaboración con Will Conroy en las labores de guión) necesita más de media hora para situarnos, inherentemente significa que durante ese tiempo apenas pasa nada. A eso añadir el cargante papel de Woody Harrelson, del que bastan dos minutos para presentarlo y lo aguantamos largo y tendido.
Y no es que el viaje introspectivo tenga que ser necesariamente un "no pasa nada" (como un iluminado me dijo al respecto de Lost in translation), pero cuando se es incapaz de disimular el artificio y se cae reiterativamente en lo innecesario, el aburrimiento toma forma de tomadura de pelo.
Pasado el puerto de montaña, el film se adentra en senderos minados de trampas. Engaños tan llamativos que sabemos en todo momento que el único motor del film es dar cambiazo a la apariencia. Así, todas y cada una de las situaciones que debieran ser una sorpresa para el espectador, son justamente la parada que estamos esperando.
Es así como lo único destacable acaba siendo el boceto psicológico que de la protagonista nos presenta Anderson, con una Emily Mortimer que es la única que destaca en el reparto. Ben Kinglsey anda buscando el papel más absurdo que le ofrezcan, así como a Harrelson le basta con simular unas vacaciones y a Noriega atusarse el pelo y actuar como si estuviera en una discoteca.
En definitiva, no perdáis el tiempo con Transsiberian. Un artificio que sólo busca sorprender y cuya base es tan yerma como escasa. La versión siniestra de Vicky Cristina Barcelona, pero sin el pulso narrativo del genio de Brooklyn.
Lo mejor: Emily Mortimer
Lo peor: Woody Harrelson y unos giros de guión muy previsibles.
El dato: Pese a tener como sello de identidad los espacios cerrados, el nuevo proyecto de Anderson estará centrado en el auge de la bossanova en el Brasil de los años 60.
Tercera entrega de las recomendaciones de los lectores que, como avisé, le debía a Mr. Lombreeze. Así que casi sobre la bocina me he hecho con Withnail y yo, de 1987, que suposo el debut en la dirección de Bruce Robinson (Jennifer 8).
Con ello, antes del próximo tendréis mi reseña sobre el film, que como cualquier film que use de banda sonora el A whiter shade of pale, promete.