martes, 25 de diciembre de 2007

Promesas del Este: El Padrino cocinero


David Cronenberg es un genio, eso nadie lo duda, y como genio nos ha brindado grandes joyas (Videodrome, Scanners) y soberanos bodrios (Spider, Crash). Con sus dos últimos films se ha ganado un respeto que la industria no le tenía hasta ahora, debido a la temática de sus obras.


Este año tiene todas las papeletas para encaramarse a la cima en la ceremonia de los Oscar, ya que el film ha cosechado multitud de premios en los diferentes certámenes en los que ha participado.

Promesas del Este nos habla del destino, de la responsabilidad de nuestros actos, de dos mundos incompatibles que chocan en el Londres actual. Una joven inmigrante rusa llega a punto de dar a luz al hospital, pero no sobrevive al parto. La atiende Ana (Naomi Watts), que por sus dramas personales se implicará en exceso en buscar familiares para la entrega del bebé. El diario personal de la chica le llevará a un clan ruso que usa como tapadera un restaurante.

El film reune una serie de carácteres conocidos: el mafioso familiar, la chica de bien que no entiende ese mundo, el hijo del mafioso descarriado y el hombre de los trabajos sucios que escala en la organización.

El choque entre culturas es esperable en el film, como medio para potenciar la historia, para reforzar esa sensación que un ciudadano de a pie no puede acabar con una organización de tal calibre. Si bien al principio es casual el nexo que une a los dos mundo, se hará fuerte hasta justificar el enfrentamiento.

Con una sobria direccion, Cronenberg nos relata la historia de David y Goliath, de honor y justicia. La puesta en escena es elegante y las interpretaciones más que correctas, sustentadas en un guión sólido, donde cada escena está meticulosamente rodada.

En definitiva, una gran película, breve y directa. Un caballo ganador.

Lo mejor: La sensación de indefensión de la protagonista tan bien reflejada.

Lo peor: Que Croneberg haya podido perder el genio innovador.

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