"Da-da-da-da-da-da-da-daaAAaaaAAAAAAA!"
martes, 2 de noviembre de 2010
lunes, 1 de noviembre de 2010
La imagen de la semana
Entre rumores de la nueva trilogía de Star Wars en ciernes y las fechas de salida para Avatar 2 y Avatar 3, se ha colado disimuladamente la noticia de otro proyecto que se aleja del rancio olor a fotocopia que desprende la cartelera. Y es que si un proyecto suele llamarnos la atención por su sinopsis, por sus responsables o por sus actores, cuando se juntan todos esos factores nos encontramos con un proyecto que apunta a épico.
Y es que Snow Piercer, que comenzará a rodarse a principios de 2011 apunta altísimo. Su sinopsis es la que sigue: "Adaptación de la novela gráfica Le Trasperceneige, escrita por Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb. Le Transperceneige narra una historia situada en un mundo post-apocalíptico, después de una guerra mundial que precedió a una glaciación. Los pocos supervivientes se encuentran en el último tren de la Tierra, llamado precisamente Le Transperceneige. Este tren continúa moviéndose en círculo a través de un desierto de hielo y nieve. Mientras los pasajeros más pobres sufren en las peores condiciones el frío y el hambre, aquellos que viajan en clase premium viven como reyes. El tren continúa recorriendo este círculo vicioso, hasta que un día, uno de los "miserables" (Proloff), decide cambiar este status quo, a la vez que descubrirá todos los secretos del último tren de la humanidad."
Por si fuera poco la estupenda pinta, resulta que en la dirección tendremos a Bong Joon-ho (Memories of Murder, The Host) y en la labor de productor a Park Chan-wook (Old Boy, Thirst), y encabezando un reparto internacional a Song Kang-ho, un habitual en los trabajos de ambos directores. El proyecto cuenta con 35 millones de dólares de presupuesto, por lo que será una de las producciones más caras en la historia surcoreana. Desde ya es el proyecto que más ansiamos ver los habitantes de LCM.
Fuente: BlogDeCine
Fuente: BlogDeCine
domingo, 31 de octubre de 2010
Bansky y la tienda de regalos
Hay que reconocer que más allá de la opinión que os haya despertado el documental Exit through the gift shop, o la que tengáis sobre el propio arte urbano, la obra de Bansky no deja indiferente a nadie.
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viernes, 29 de octubre de 2010
Sitges 2010: Tributo a los zombies
Mi humilde, extenso y musical tributo a tan entrañable ser del celuloide. Vedlo en HD, que os cuesta lo mismo.
PS: Gracias, Mónica.
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miércoles, 27 de octubre de 2010
Sitges 2010: Agnosia
Agnosia, (del griego ἀγνωσία: desconocimiento), es la interrupción en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos o de aprender nuevos estímulos sin haber deficiencia en la alteración de la percepción, lenguaje o intelecto.
Durante los años que he asistido al festival de Sitges como mero aficionado, siempre he sentido ciertos sentimientos contradictorios hacia la cola de privilegiados que accede a la sala antes que el resto de los mortales. Acreditación al cuello se saltan las largas colas mientras debaten acaloradamente los entresijos del mundillo o despedazan alguno de los films que han visto. Se puede envidiar esa acreditación segregante, mientras se rechaza frontalmente la soberbia de quien viene a confirmar su sapiencia a base de severas opiniones.
Este año yo formo parte de ese grupo, enfundado con acreditación, cámara de fotos y bloc de notas navego entre esa gente que parecía vivir en otro mundo. No sé qué debe pensar la gente en la otra cola, aunque mucho me temo que todos caemos en el saco de los que “tienen enchufe pero ni puñetera idea de cine”, que en mi caso es así. Mi envidia no era más que ceguera al no entender que el privilegio no viene dado por la cinefília, sino por la capacidad y medios para plasmar lo vivido en algún medio de prensa. La percepción filtra el concepto “trabajar” cuando a alguien se le regala un tiempo que se nos niega.
Llegó mi primera película del festival, Agnosia, y mi primera experiencia como medio de prensa. No es que seamos los niños mimados del festival, por lo que busco el mejor sitio dentro de las pocas butacas que tenemos reservadas, y no pongo pega alguna a sentarme en tercera fila, hacia el centro, pensando que un ojo de pez me hubiera venido de perlas para el visionado. De repente un grupo importante de personas me rodea y me veo en un fuego cruzado de conversaciones y halagos, del que deduzco que no son del gremio periodístico, sino del cinematográfico, y que gracias a mi ignorancia siguen resultándome rostros anónimos.
Se apagan las luces, presentan la película, al director, al guionista y a sus protagonistas, para acabar pidiendo que todo el equipo de la película presente en la sala se levante para llevarse su reconocido mérito y poner alerta a quienes pretendan bostezar durante el visionado. Por supuesto sólo quedé yo sentado en las filas que me rodeaban, encogido pero sintiéndome parte de algo que anhelo pero que (aún) no me pertenece.
“Empiezo bien Sitges”, me digo. En dos años he pasado de ser un anónimo blogger que, como aficionado, disfruta de Sitges, a formar parte de una revista llena de talento y a la que, en parte represento aquí, y a hacer mis primeros pinitos en la dirección. Y allí me hallo entre gente de ese mismo mundo al que aspiro, al que respeto y del que por un breve momento, me he sentido parte. Nada puede ir mejor, pero la percepción es una puta entrenada para sesgar lo que no queremos ver, y por breve que sea, un destello basta para tirar abajo ese castillo de naipes que son las emociones.
Fueron escasos cinco segundo lo que ese actor duró en pantalla, un actor anónimo del que ni sé su nombre, pero bastaron para hacerme fruncir el ceño pensando por qué me sonaba tanto su cara. Ese hombre, ese extra a las órdenes de Eugenio Mira también ha estado a mis órdenes, también ha poblado mis encuadres, también ha sido mi actor. Fue en Febrero, mientras cursaba un intensivo de dirección y hacíamos pruebas con el equipo de interpretación, donde él y otra chica contaban una pequeña historia de amistad y lesbianismo. Pero allí estaba él, detrás de la pantalla, y yo aún sigo viendo el trabajo de otros, aplaudiéndole y sintiéndome de nuevo el chico que mira a la cola de acreditados entrar a la sala antes que yo.
Puede que la agnosia no nos permita ver la realidad aparente, pero sí la transformarmos, y la entendemos a nuestra manera. La percepción sólo es un filtro que deja pasar cierta información, y en muchas ocasiones somos nosotros quien elegimos dicho filtro. Dentro de ese mismo día pude ver cómo la mente humana es capaz de priorizar los estímulos, descartando parte de la realidad que llama a nuestra puerta cuando un conflicto se presenta. Si dos personas hablan a la vez a una tercera, inconscientemente esa tercera responderá a uno de los dos, descartando el intento de comunicación del otro. Si el hecho se repite, volverá a pasar lo mismo, porque no existe voluntad consciente de ignorar ni atender a ninguno, sino un acto reflejo asimilado que atiende a una urgencia autoimpuesta, o a unos instintos primarios donde el timbre de voz marca el lugar en la fila. No valía ni para tenor ni para bajo, al estar entre ambos.
Y si percibimos a voluntad, entendemos lo que queremos entender, y montamos una realidad a medida con el sesgo de estímulos conveniente, Agnosia es hija de la propia agnosia. Y es que pese a lo interesante de su premisa se sumerge en tramas de espionaje industrial y romances para acabar en fórmula conocidas sobre las que gastar el dinero invertido, renunciando a sello alguno, pecando de cobardía y dejando que el peso recaiga en el guión y el carisma de sus protagonistas. Gran parte de lo que vieron extraordinario los responsable forma parte de los descartes de mi percepción. Y es que agnosia es creer que avanzas sólo porque muchos a tu alrededor retroceden, es amar por error a alguien durante 3 días, perteneciendo a otro, es aislarse en una burbuja para que nuestro contexto nos sea más favorable al hacer la media. En definitiva, Agnosia es tan aburrida como la vida misma.
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domingo, 24 de octubre de 2010
La Red Social: Abrazando el anonimato
En Desmontando a Harry (Deconstructing Harry, 1997, Woody Allen) vemos como en uno de los cuentos creados por Harry Block, su protagonista impele a su familia a llevar gafas tras verse en in pass existencial donde aparece desenfocado. La aceptación se consigue no a través de la reformulación del ego sino desde la invasiva imposición infecciosa que prescinde del “confirmar” para hacerse efectiva. Y si bien la posibilidad de cambiar el mundo queda en manos de unos pocos elegidos, Mark Zuckenberg, figura central de La red social (The Social Network, 2010, David Fincher), debe incluirse en dicha lista como uno de los motores de las neo-relaciones humanas a través de Internet. Y es en esa figura de reformulador donde se erige el relato sobre la codicia derivada del ansia de aceptación que, a modo de decadente utopia y actualizaciones de estado, se perfila en el nuevo film de David Fincher como el retrato generacional de nuestro tiempo.
Como apunta Mónica Jordan, “acostumbrados como estamos al ipso facto, abrumados por la comodidad que supone y agradecidos por el generoso ahorro de tiempo que eso nos reporta, a veces fallamos en reflexionar sobre las causas y entresijos que permiten esa velocidad”[i]. El tiempo que se nos regala se productiza, se invierte en rendimiento y se genera una acelerada espiral donde la amplitud vence a la profundidad, donde los titulares mandan y las confesiones y estados de ánimo se publican on-line a golpe de tweet, ahorrándonos el costoso contacto individual. Así somos un poco de todos, y mucho de nadie, un compendio de estados resumidos en un muro, o un lector de noticias que permite filtrar la imagen de lo que somos y la información sobre la realidad que moldea lo que hemos de ser. Porque Facebook, como apunta Óscar Brox, “se nutre de la actualización constante del estado de sus usuarios; en otras palabras, se define a partir de la vida de los otros, no de la suya propia”[ii], en un capitalismo emocional donde la valía del individuo se ahoga en la telaraña de lazos que es capaz de tender hacia otros, generando un anonimato sólo permeable a través de la acción.
Y desde ese anonimato de perfil parte el guión de Aaron Sorkin (El ala oeste de la Casa Blanca, Studio 60 en the Sunset Strip) en una historia que tiene tanto de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941, Orson Welles) como de Los 400 golpes (Les 400 coups, 1959, François Truffaut) y que encuentra en Jesse Eisenberg un excelente vehículo sobre el que articular su discurso. Porque si la palabra permite comunicarnos con el mundo, las emociones nos conectan con él, y la dupla Eisenberg-Sorkin crea un personaje con la lengua tan afilada como enigmas esconde su rostro mostrando a través de sus actos, de la génesis de Facebook, el motor emocional del mártir víctima de la ironía de su incapacidad. Porque Zuckenberg se nos muestra como el bipolar abanderado del triunfo empresarial (la palabra) y solitario cadáver social (la emoción) que, a través de la mutación de su entorno se redescubre huérfano tanto en su triunfo (cierre) como en su fracaso (apertura).
Y de ese anonimato participa Fincher, que en palabras de Horacio Muñoz “ha optado por un estilo clásico, perfecto, homogéneo, sin fisuras, con unos flashbacks que tienen una sabor añejo y unos diálogos acartonados”[iii], pero que esconde en sus formas apuntes de una modernidad impregnada del “trabajo en equipo” para dotar al film de un componente social donde su savoir faire deja paso a otros méritos, siguiendo la tónica marcada con su portentoso trabajo en Zodiac (David Fincher, 2007). Y es que desde su narrativa fragmentada, sus saltos temporales (más cercanos al flashforward que al flashback) y su acelerado montaje nos insta Fincher a sentir La Red Social como un bombardeo informativo tan frío como cercano a la interacción que, a través de la tecnología, entablamos con nuestro mundo, siempre desde la fisicidad de no necesitar los ropajes virtuales de unas formas que adaptan lo que percibe el ojo, pero no la emoción (youtube, móviles, televisión). Así se erige La Red Social como un film tremendamente humano, pero reformulado para ser el aparatoso vehículo de un mensaje que se pierde en las formas modernas a golpe de F5.
Por eso su biopic sobre el creador de la red social más importante rehúye ser un tendencioso panfleto arribista (tan de moda últimamente), así como de ser un pacato retrato fan-made, para erigirse como una rara avis en forma de relato que, según Jordi Costa, “funciona como latencia y eco de viejas construcciones mitológicas en lo que, en realidad, se afirma como sobrecogedor retrato de unos tiempos (nuestro presente) marcados por la asfixia del significado y la implacable entrada en una sensibilidad casi posthumana”[iv], donde no hay azar alguno en la puesta en escena como tampoco aristas en su homogeneidad formal (excepto en la escena de la regata, pretendida boutade de ruptura estilística) llevando su trabajo a la propia esencia impersonal de Facebook, nutrido de experiencias ajenas presentadas al ritmo de un vertiginoso caos de banda ancha. Porque la crónica de la sociedad moderna no viene siempre marcada por los hechos, sino que las formas moldean las venideras consecuencias en un inseparable tándem "¿que soy?/¿qué hago?" (véase Das experiment).
Así se prioriza un relato descontextualizado donde no existe periferia en la diégesis, donde su universo se construye desde dentro de cada escena y los perfiles se sostienen exclusivamente sobre sus actos en pantalla, a modo de huérfana pregunta a la caza de una objetividad, de per se, inalcanzable en el arte, aunque “al final, ese estilo, acabe cuestionándolo todo, poniendo en evidencia un mundo cuyo nacimiento es considerablemente cercano en el tiempo aunque su rapidez de expansión comience a producir la idea de que sucedió hace ya mucho”[v]. Porque la poliédrica realidad no es abarcable ni por 500 millones de testimonios, y porque de esas distintas facetas participamos, a modo de collage dentro de un collage, similar al visto en la excelente Confessions (Kokuhaku, 2010, Tetsuya Nakashima).
Y si ser parte de un todo implica ser un poco de cada, los motivos se hacen necesarios para comprender cómo un nerd se convirtió en el multimillonario más precoz de la historia, porque “la historia de La red social es, por encima de todo, el relato de un abandono”[ii][sic]. Si bien durante el transcurso del film vemos en boca de los protagonistas afirmar que el propósito de la primigenia Thefacebook no era hacer amigos sino conocer tus opciones de follar, en la escena que abre el film se nos presenta a un Zuckenberg que antes de ser abandonado se muestra preocupado por llevar a cabo un proyecto que le abra las puertas a la fraternidad más prestigiosa de Harvard. La elipsis que supondría esa escena junto a la que cierra el film denota el cambio de contexto, de entorno, pero también el estatismo emocional de quien ve el mundo como trenes para los que no tiene billete. La aceptación no es sólo el motor de La red social, sino del propio Facebook, que a la manera de esa joya llamada Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008, Tomas Alfredson), retrata un vampirismo emocional donde la exclusividad se contagia a través de la ansiada y consciente aceptación: No quiero que me toleres, quiero ver cómo me acoges. Así el habitual rechazo femenino se torna incitador para aquel que necesita demostrar algo al mundo, ya que el espejo a nuestro valor intrínseco que encontramos en el amor busca la alternativa social para deformar dicho espejo y presentarlo a los ojos que dejaron de reconocernos. Como en todo relato clásico lo femenino es un motor de cambio para la tullida figura del protagonista.
Así nuestras acciones se tornan ecos de un pasado formado por personas que moldean nuestra identidad (soy), nuestro estilo; mientras las llagas del presente condicionan el camino de aquello que queremos ser (hago), en un mosaico donde la personalidad surge de la asociación y filtro de nuestro contexto y que el universo virtual nos permitie sesgar por tal de ser brevemente la imagen de lo que queremos ser, convertidos en una suerte de Catfish (Henry Joost, Ariel Schulman, 2010). Así nos llenamos de ideas ajenas, citas, referencias y expresiones en un “recorta, pega y colorea” tan fiel a nosotros mismos como alejado de lo que somos, una anhelada ficción que en pequeñas dosis parece real y que anula el ego del nihilista “yo soy yo y mis circunstancias” en pro de un eco existencial en quienes nos rodean, aquellos que nos verán con las gafas que les hemos dado, como el personaje de Harry Block. Somos en tanto que nos perciben, aunque al final, todos vivimos en una mentira cuyo tráiler es La Red Social.
[i] Mónica Jordan, The Box: El neo-pecado no-original, Transit: cine y otros desvaríos nº3, Enero 2010
[ii] Óscar Brox, La red social: Fuck Facebook?, Miradas de Cine nº103, Octubre 2010
[iii] Horacio Muñoz Fernández, La red social: Clasicismo retrógrado, EnClave de Cine, Octubre 2010
[iv] Jordi Costa, La red social, Fotogramas, Octubre 2010
[v] Israel Paredes, La red social: Sobre las nuevas formas sociales, Dirigido por… nº 404, págs 30-31, Octubre 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
La recomendación de la semana: Noche y niebla
Excelente documental firmado por un joven Alain Resnais que se cuestiona la memoria de las imágenes en uno de los primeros documentales en mostrar imágenes de los campos de concentración. Así establece paralelismo entre el estatismo de un presente desde el que recordar el pasado, la latencia de unos hechos tanto en la memoria como en el presente. Lo podéis ver sutbitulado aquí mismo:
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jueves, 21 de octubre de 2010
Grandes bandas sonoras: Somos la noche
Pese a estar compuesta expresamente para la BSO de Spiderman 3, el temazo de Wolfmother fue un oasis en el flojo film de Dennis Gansel.
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miércoles, 20 de octubre de 2010
Sitges 2010: A Serbian Film
“Hay ciertos temas de interés absorbente, pero demasiado horribles para ser objeto de una obra de ficción. El mero escritor romántico debe evitarlos si no desea ofender o desagradar. Sólo se los usa con propiedad cuando lo severo y lo majestuoso de la verdad los santifican y los sostienen. Nos estremecemos con el más intenso de los “dolores agradables“ ante los relatos del paso del Beresina, del terremoto de Lisboa, de la peste de Londres y de la matanza de San Bartolomé, o la asfixia de los ciento veintitrés prisioneros en el Pozo Negro de Calcuta. Pero en estos relatos lo excitante es el hecho, la realidad, la historia. Como invenciones nos inspirarían simple aversión.”
El entierro prematuro, Edgar Allan Poe.
La historia del cine está llena de films polémicos. Normalmente las ampollas que dichos títulos levantan suelen adscribirse a parcelas muy concretas, ya sea la religión (Je vous salue, Marie, Dogma), la moral (Ecstasy, La naranja mecánica), la política (El cazador) o lo explícito de sus escenas (Anticristo, Irreversible). Al echar la vista atrás resulta anecdótico pensar en el escándalo que supuso la escena del guante en Gilda, la ideología de cintas como El nacimiento de una nación o las crudas escenas de Henry, retrato de un asesino en serie, ya que los límites de lo socialmente aceptado se han ido ampliando tanto en la retina como en el sistema de valores del espectador.
Muchos de esos films chocan directamente con una sociedad aparentemente aún no preparada para aceptar lo que el cine les propone, pero consciente de que esa aceptación pasa por una imagen social que poco o nada tiene que ver con la intimidad individual. Si bien un desnudo en el cine podía generar polémica antaño, todos eran dueños y espectadores de desnudos cotidianos. Lo mismo sucede con la polémica que suscitan cintas como El crimen del Padre Amaro entre un gremio que no acepta un “basado en hechos reales”, dejando clara la importancia del “de puertas adentro” en ciertos temas mal vistos cuando a través del cine se hacen extensivos al gran público.
Pero si bien muchas de esas polémicas venían dadas por la doble moral del individuo frente a la masa, otras chocaban directamente contra una moral que ni tan sólo se acepta intrínsecamente y que normalmente viene disfrazada de provocación. Cuando al espectador se le enfrenta a algo que personalmente acepta, pero socialmente repudia, se siembra una reflexión a través del arte, pero cuando la propuesta choca frontalmente con valores, a priori, universales e inmutables, se anula la reflexión para alimentar la indignación ya no sólo por lo discutible de la propuesta sino también por la cuota de provocación en busca de una notoriedad. Arte y marketing rara vez van de la mano.
Pero el eco de dicha polémica provocación se perpetúa (en algunos casos) en el tiempo al continuar vigentes los valores que chocan con la propuesta. Sucede con la coprofagia de Pink Flamingos o el realismo de Holocausto Caníbal, films que han envejecido mejor que muchas otras propuestas más insolentes e inocuas. Y dentro de ese grupo podemos empezar a incluir a A Serbian Film, del director serbio Srdjan Spasojevic, película que ya acumula una ingente cantidad de artículos y críticas negativas debido a la brutalidad de sus escenas.
Argumenta su director que el film no deja de ser una parábola de los abusos del gobierno serbio hacia el pueblo, así como se muestra orgulloso de un film que, según dice, es el único en más de una década que no ha contado con dinero del estado. Y no deja de haber referencias a Serbia como país dentro del film (el mismo título), pero en ningún momento se acerca A Serbian Film a una reflexión política, ni pretende basar su fuerza en aspectos cinematográficos. Srdjan Spasojevic ha conseguido que su nombre suene con fuerza a base de la contundencia de sus imágenes, obviando la pericia que como director ha demostrado, así como el resto de aspectos artísticos que pierden fuelle y notoriedad para dar paso a las escenas que han de dar trascendencia a A Serbian Film.
Si los responsables de Holocausto Caníbal tuvieron que mostrar vivos a los protagonistas para eludir a la justicia (que los creía realmente muertos), al cineasta serbio tampoco le ha puesto la justicia nada fácil llevar a las pantallas A Serbian Film. Y es que en su paso de digital a 35mm, el estudio que se hacía cargo reclamó la presencia del director para aclarar ciertos aspectos artísticos, siendo una estratagema para ponerlo frente a la justicia alemana, que creía reales las imágenes vistas en el film. Sin embargo el espectador ha madurado o educado lo suficiente la vista como para entender las ficciones del cine, sin necesidad de escandalizarse por la cuota de realidad que contienen, dejando su indignación para la cuota de realidad que insinúa, la parte que al salir de la sala sigue vigente.
Y es que sin la voluntad de escandalizar, A Serbian Film podría haber sido una buena película, pero abandonando una intención artística para sumergirse en el escándalo es donde va a encontrar la inmor(t)alidad el film de Srdjan Spasojevic. Cuando el mensaje se pervierte en pro del efectismo, el efecto se convierte en el mensaje, y sin ser una mala película, A Serbian Film se acaba ahogando en la hipérbole.
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lunes, 18 de octubre de 2010
Sitges 2010: Premiados y agradecimientos
Acabó el festival y con ello llegaron los premiados, muchos de los cuales he tenido la oportunidad de ver. Os adjunto la lista de premiados y mis comentarios al respecto:
Oficial Fantàstic Competición Sitges 43
· Mejor Cortometraje: THE LEGEND OF BEAVER DAMM de Jérôme Sable
· Mención Especial al cortometraje: VICENTA de Sam Millor
· Mejor Diseño de Producción: Yuji Hayashida por THIRTEEN ASSASSINS
· Mejores Efectos de Maquillaje: Vitaya Deerattakul y Andrew Lin por DREAM HOME
· Mejores Efectos Especiales: Gareth Edwards por MONSTERS
· Mejor Banda Sonora Original: Seppuku Paradigm, Alex & Willie Cortes por NUITS ROUGES DU BOURREAU DE JADE (RED NIGHTS)
· Mejor Fotografía: Mika Orasmaa por RARE EXPORTS: A CHRISTMAS TALE
· Mejor Guión: Nicolás Goldbart por FASE 7
· Mejor Actriz: Josie Ho por DREAM HOME
· Mejor Actor: Patrick Fabian por THE LAST EXORCISM
· Mejor Director: Jalmari Helander por RARE EXPORTS: A CHRISTMAS TALE
· Premio Especial del Jurado: WE ARE THE NIGHT de Dennis Gansel
· Mejor Película: RARE EXPORTS: A CHRISTMAS TALE de Jalmari Helander
Sin duda merecidos los premios a la finlandesa Rare Exports, que no pude ver pero de la que sólo recibí excelentes impresiones. Todo lo contrario para el premio especial de jurado, que tanto a mí como a la mayoría nos pareció muy floja. El premio de mejor actor lo gana merecidamente un Patrick Fabian que se come la cámara con una naturalidad pasmosa jugando a ser un actor con sotana, mientras que el de actriz para la protagonista de Dream Home es algo más discutible, aunque se entiende el mérito de abordar un papel con dos facetas completamente distintas. Los de diseño de producción y efectos especiales son tan merecidos como cantados, pero no tanto sorpresivo premio a mejor guión para Fase 7, que no dio mucho que hablar durante el festival.
Oficial Fantàstic Competición Panorama
· Mejor Película: TUCKER & DALE VS. EVIL de Eli Craig
· Mejor Cortometraje: THE FAMILIAR de Kody Zimmermann
Carnet Jove
· Mejor Película FANTÀSTIC: RUBBER de Quentin Dupieux
· Mejor Película MIDNIGHT X-TREME: MUTANT GIRLS SQUAD de Noboru Iguchi & Yoshihiro Nishimura & Tak Sakaguchi
Noves Visions
· Mejor Película: SIMON WERNER A DISPARU (LIGHTS OUT) de Fabrice Gobert
· Mención Especial: SOUND OF NOISE de Ola Simonsson & Johannes Stjarne Nilsson por su mezcla única de historia, visuales y sonido. 5150 RUE DES ORMES de Éric Tessier por su innovadora combinación de cinematografía clásica y fantástica revelando nuevos dilemas morales
· Diploma Película No Ficción: VAMPIRES de Vincent Lannoo
· Diploma Película Discovery: TONY de Gerard Johnson
Algo exagerado veo el entusiasmo con el film de Fabrice Gobert, que pese a navegar entre géneros no acaba de destacar en ningún aspecto. Más interesantes me parecen la creativa Sound of Noise y el film de Tessier, del que podéis leer la crítica de Mónica para Cineuá aquí.
Casa Àsia
· Mejor Película: COLD FISH de Sion Sono
Nova Autoria
· Mejor Dirección: Sílvia Subirós por LA EDAD DEL SOL
· Mejor Guión: Jaime Serrano por LA LONA
· Mejor Música Original: Gonçal Perales Roy por THE SMILEY
Anima´t
· Mejor Largometraje de Animación: JACKBOOTS ON WHITEHALL de Edward McHenry & Rory McHenry
· Mejor Cortometraje de Animación: UNE NOUVELLE VIE! (A NEW LIFE!) de Fred Joyeux
· Mejor Largometraje de Animación para Niños: THE UGLY DUCKLING de Garry Bardin
Gran Premio del Público El Periódico de Catalunya
· Mejor Película: THIRTEEN ASSASSINS de Takashi Miike
Méliès de plata
· Méliès d’Argent a la Mejor Película Europea: RUBBER de Quentin Dupieux
· Mención Especial: RARE EXPORTS: A CHRISTMAS TALE de Jalmari Helander
· Méliès de Plata al Mejor Cortometraje Europeo: LES BESSONES DEL CARRER PONENT de Marc Riba & Anna Solanas
Méliès de oro
· Méliès de Oro a la Mejor Película Europea: BURIED de Rodrigo Cortés
· Méliès de Oro al Mejor Cortometraje: EL ATAQUE DE LOS ROBOTS DE NEBULOSA –5 de Chema García Ibarra
Premios de la crítica
· Premio de la Crítica Jose Luis Guarner: UNCLE BOONMEE WHO CAN RECALL HIS PAST LIVES de Apichatpong Weerasethakul
· Premio Citizen Kane al director/a revelación: Quentin Dupieux por RUBBER
No podía irse de vacío el tailandés Weerasethakul tras ganar en Cannes, ni deja de premiar la crítica dos de los films más destacados de esta edición. Y ojo que Rubber consigue salir premiada en muchas de las secciones, entusiasmando a la gran mayoría de los espectadores.
De entre las que no han sido galardonadas destacaría la divertida y salvaje I saw the devil (Kim Ji-woon), la transparente y provocadora In the woods (Angelos Frantzis), la intrigante y excelentemente construída La doppia ora (Giuseppe Capotondi), la recurrente e hipnotizante My Joy (Sergei Loznitsa), la reflexiva 14 days with Victor (Román Parrado), la asfixiante Secuestrados (Miguel Ángel Vivas), la inteligente A horrible way to die (Adam Wingard) y la contudente y vertiginosa Confessions (Tetsuya Nakashima). Todos ellos son grandes hallazgos dentro de un festival que prometía sorpresas y donde los grandes no siempre han estado a la altura de su nombre.
Por lo demás, guardo en excelente recuerdo del festival gracias a la gente con la que lo he podido compartir en tantas e ilustrativas charlas. Sin ellos no habría festival. También me quedaré a nivel personal con todo lo sucedido en el pase de Agnósia, así como toparme con la BSO de El bosque a la entrada de un pase de prensa en el Auditori, música que es capaz de ralentizar el tiempo y transportar al oyente al instante mismo en que descubrió el film. Acabó Sitges 2010, pero seguiré disfrutando de todos los recuerdos que me ha dado. Fin.
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