sábado, 19 de diciembre de 2009

Adventureland: Que se acabe la función al bajar del escenario


Recientemente me comentaba un amigo que su padre, fan de Chaplin y ex-cinéfilo, suele repetirle que vemos demasiadas películas y que deberíamos vivir más. ¿Ser cinéfilo es otra de las tantas maneras que tenemos de refugiarnos de lo cotidiano? ¿El cine nos hace crecer como personas o es un parapeto para la experiencia? ¿Es una respuesta o una excusa?


La verdad a esas preguntas es tan personal como los motivos por los cada espectador conecta con uno u otro film, buscando recompensas que no siempre da la realidad. Es por eso que la potencia y profundidad dramáticas de un film dejan de ser inherentes a él para ser subjetivamente completadas por el espectador y, en muchos casos, por la memoria de este. Y es que los "mejores" existen para listas y masas mientras que el individuo encuentra sus favoritos en el eco de una sala a oscuras.

Esa es la grandeza del cine, lo poliédrico de su concepto, la imposibilidad de juicios universales, la manera en que nos entregamos a él y él se entrega a nosotros. Habitamos películas, aprendemos de ellas, maduramos con ellas, las incorporamos a nuestro universo y las buscamos en la calle o en el celuloide. Aprendimos que si bien el cine nos regala sueños, también nos lo quita, que hay films que duelen, films que nos escuchan y otros que nos escupen, y que lo que un día creímos parque de atracciones también resulta ser la mayor ironía de nuestras miserias. El cine es, quizás, la expresión más pura del amor a primera vista.






Y tomas dos copas de más y se te olvida que me quieres.







Y de amor nos habla Adventureland, del que nos desafía y nos obliga a ser mejores, a madurar y plantearnos qué queremos y qué necesitamos. El retrato generacional de personajes universales localizados por la banda sonora de sus vidas, agarrados a la música como identidad y salvavidas en la edad en que el rostro y alma aún no tiene cicatrices, apelando al rol que cualquier disciplina artística tiene en nuestro abandono de la adolescencia.






Y apechugo como un hombre y lloro como un niño, y me siento tonto y feliz como un villancico.






Y es que la cojera de la memoria hace que olvidemos muchos pasos dados, restando aristas a una biografía con más grises de los que solemos reconocer. Así se erige Adventureland en una especie de Lacuna Inc. cinematográfica que invita a repasar nuestra memoria al modo que el protagonista de ¡Olvídate de mi! revivía bueno y malo de su recién fallecida relación. Hay cine que nos invita a soñar, que llega completo al espectador, y otro que invita a regurgitar la experiencia para finalizar la obra que vemos en pantalla.





El olvido es una calle cortada por los restos del derrumbe, una sonrisa
mellada, un aliento de escombros.





Si la memoria elige sin consultar las puertas que cierra, en Adventureland se nos transporta al momento en que empezamos a descartar caminos, a decidir, y por ende, a madurar. Descubrimos el desengaño al quemar una etapa, que las atracciones dejan de ser divertidas, la realidad nos golpea por primera vez desnudos y nos empuja a actuar sabiendo que ésta vez sí seremos responsables de nuestros actos. Descubrimos que las cloacas de la realidad existen y apestan, que nuestro entorno marca nuestro límite y que si el arte puede decorar una vida en ruinas, sólo el amor es capaz de salvarla.



You're moving too fast for me
, and I can't keep up with you.
Maybe if you slowed down for me I could see you're only telling Lies, lies, lies.
Breaking us down with your
lies, lies, lies
When will you learn


Arte en general y cine en concreto se convierten en personajes activos en el viaje adolescente. La magia no existe, las películas acaban, la pequeña Ana descubre que Frankenstein no existe y escudarse en Lou Reed sólo vale con ingenuos, dejando el día a día en meros vestidores de una incierta función en la que estamos llamados a ser protagonistas. Y mientras ensayamos nuestro papel, elegimos vestuario y acompañantes, miramos de reojo el “what if” cinematográfico y aceptamos el arte como respuesta y como excusa entregándonos a él con la sinceridad que ahorramos fuera del escenario.


Así Adventureland, ¡Olvídate de mí! y tantos cientos de films no hacen más que sacar algo de brillo al gris espectador que, ya sea con el baúl de los recuerdos, con la agenda y la esperanza o con su aburrimiento, acuden a las películas en busca de un algo personal e intransferible que ni tan sólo significando una huida sería censurable. Corramos en una dirección u otra, siempre es más hermoso hacerlo sobre una alfombra roja, ya que si la vida es un continuo peregrinaje al fracaso, al menos hagamos bellamente divertido el trayecto.


6 comentarios:

Machete dijo...

Dudo que vea esta película, no me llama la atención pero me gusta como has planteado el tema, el cine sirve para evadirse.

Dr. Quatermass dijo...

Que bueno, no recordaba que hubiera un site de la empresa borra.recuerdos!

Esta claro que Adventureland ataca directamente a la nostalgia (que sin ser exactamente lo mismo a memoria esta muy relacionado). ¿Y la pelicula es buena?, es broma, no tienes que responder ya tuvimos el debate la semana pasada ;-)

Redrum dijo...

Machete, pues el film vale la pena. Si te gustó Supersalidos, no lo dudes!

El cine, entre otras cosas, sirve para eadirse ;)

Jajajaja! Exacto Doc, es muy nostálgica a la par que tragicómica, como la vida misma, la verdad.

Al final siempre opto por dedicarle cariñosos textos a films que me han gustado, los que no me gustan no me molesto, la verdad. Eso sí, si ve que me voy de la olla es que me gustó más a nivel personal, si soy más analítico, es que no me gustó tanto pero le reconozco los enormes valores cinematográficos!

No tiente con lo de si es buena o no, que ya sabe los pollos que se montan!!!

1 saludo y gracias por comentar!

Angel "Verbal" Kint dijo...

La película una de las sorpresas del año sin duda y por ello la ha visto tan poca gente como suele pasar...
El padre de tu amigo es sabio y no deja de tener parte de razón, aunque suene a tópico el cine es una prolongación de nuestra (no) realidad...
El personaje de Ryan Reynolds me recordó el de Matt Dillon en "Beautiful girls" que tiene una de las frases más devastadoras que he oído en una sala de cine "no soy ni la sombra de lo que pensaba que sería"

Ivan dijo...

Quería verla, me disponía a acercarme al cine y descubrí que a la semana la habían quitado xD. Habrá que esperar, pero intentaré no perderme Avatar y Zombieland, que luego nunca estoy a la última, y si no estás a la última no eres nadie....xD
Me ha gustado mucho tu texto Nico, sea buena o no...que más da si emociona? si es buena y gusta cojonudo, si es mala y no gusta pues también cojonudo, si es buena y no gusta pues cojonudo, y si es mala y gusta pues igual de cojonudo, el caso es ser consciente de lo que ve uno. ;)
Eso si, no comparto lo de ver demasiado cine, a mi siempre me parece poco, si pudiera vería la vida a través de una arriflex xD
Saludos! y ya me contarás que tal con aquellas compras.

Redrum dijo...

Jajajaja! Ciertamente más sabio que su hijo :D

Veo que Beautiful Girls es otra peli que me toca ir viendo ya, ¿no?

Jajajaja! Es lo bueno y lo malo del cine, que hay tanto que nunca se nos acaba, y a la vez tanto que siempre somos ignorantes!

Te queda la opción habitual, ahora bien, te toca mojarte sobre Avatar y confío que Zombieland te guste! Yo me reí de lo lindo!

1 saludo y gracias por comentar!