domingo, 24 de abril de 2011

Inside Job: Verdades formateadas


Recuerdo que en mi época de estudiante, cuando Popper se coló en el temario, una afirmación puntual me impresionó profundamente. Nada nuevo, soy muy impresionable, pero reconozco el poder seductor de la duda y su capacidad para tenernos constantemente alerta, de ponernos a prueba, de aplicarnos un proceso de falsación a cada paso, pese a las limitaciones que conlleva. Y es que poner en duda todo el sistema analítico a través de una simple afirmación me pareció suficientemente potente como para que, aún a día de hoy, tome en consideración esa idea.

Cuando un estudio arranca con intención de demostrar algo, de base ese estudio está contaminado por tener un destino prefijado. Con ello se necesita ya no sólo un estricto proceso de control de resultados y la implicación de un número suficiente de gente, sino la constante necesidad de actualizar esos resultados con datos nuevos para demostrar que la conclusión es VERDAD. Incluso dentro de ese grupo de investigadores debe haber una selección aleatoria que les libre de toda sospecha, eliminando el componente direccional de cara a que los resultados sean poco menos que la chistera de un mago. Todo esto es un ideal, y como tal no existe, siendo las aseveraciones más contundentes víctimas del acotamiento circunstancial. Un ejemplo sencillo es el tabaco: ¿Aumenta el riesgo de padecer cáncer? Miles de estudios afirman que sí, por lo que tomémoslo como una verdad. Ahora bien, ¿en qué grado lo aumenta? ¿afecta a todos por igual? ¿se puede afirmar rotundamente que no existe NADIE a quien fumar haya reducido la posibilidad de tener cáncer? Llegados a este punto quizás ya se presenten las primeras dudas. ¿Las condiciones ambientales y la propia genética influyen en el riesgo de tener cáncer? Desde luego, miles de estudios también lo demuestran. Con ello ya tenemos una variante que altera por completo el primer estudio (no existen dos sujetos genéticamente iguales que habiten exactamente el mismo entorno), por lo que la rotundidad del resultado vira hacia el DEPENDE, abandonando el certero 100%. Pero seguimos siendo conscientes del componente nocivo del tabaco, ¿no?

El cine nos ha acostumbrado a absolutos, y el consumo masivo de audiovisual ha multiplicado los púlpitos en los que predicar visiones (casi siempre) parciales y sesgadas lanzadas, mayoritariamente, en busca de repercusión y no de reflexión. De hecho, en el mismo momento que existe un encuadre, existe una media verdad, y con ello una mentira, y claro está que cuánto más ambicioso es el mensaje más fácilmente se pervierte el concepto de verdad, y con ello se banaliza el objeto de estudio. No es algo poco frecuente, ya que, ocasionalmente, todos nos hemos descubierto generalizando para, poco después, reflexionar sobre nuestro fallo, pero en esa lucidez final, la duda sobre nuestras pretéritas afirmaciones, conlleva el paso adelante en el conocimiento, en esa posesión de los absolutos.


Inside Job no se adscribe a esa búsqueda estructurada de una verdad única (como tampoco lo hace este texto), sino que pretende dar explicación a la crisis económica actual en sus escasos 100 minutos. De base, su límite temporal ya siembra un recelo importante, como si esos minutos, a tiempo, hubieran podido evitar el pseudo-colapso financiero. Con ello, Inside Job pretende erigirse como un ente más ducho en economía que, ya no solo el global de gente dedicada a buscar soluciones, sino de todos aquellos que no supieron predecir el crash financiero. La opinión de expertos en estos temas es vital, así como necesario que el arte dedique esfuerzos para esclarecer causas y acercar su entendimiento al espectador, pero existe una enorme y peligrosa diferencia entre dejar claro que existe un punto de vista y ponerle copyright a la verdad.

Inside Job abruma con toda su jerga económica, aunque consigue que sea relativamente asequible para el espectador entender el funcionamiento de multitud de productos pese a formar parte de un mundo bastante alejado de nuestra rutina diaria. Pero mérito y traba se dan cita ahí, ya que los conceptos no entienden de moral, pero la aplicación (en manos de economistas) permite ser vista como un crimen, como el tan manido argumento de "el rico quiere ser aún más rico" como argumento sobre el que pivotar todo el documental. Con ello y de un plumazo, se banaliza el problema y se lleva a terrenos amarillistas, cuando la primera verdad del capitalismo (sistema que todos alimentamos sin cuestionárnoslo) es que fue creado por y para el rico. Si alguna otra verdad existe sobre el capitalismo, es que es un sistema que necesita de un crecimiento constante (prestar dinero es crear dinero de la nada), y tanto la competitividad de las empresas como el crecimiento demográfico no hacen sino que disparar esa aceleración. Si todos pagáramos nuestras deudas el sistema, literalmente, se colapsaría.

Pero los principales errores que comete Ferguson en su discurso son dos: eliminar al espectador y pretender que su visión parcial se convierta en un absoluto. No creo decir ninguna locura al afirmar que Inside Job desprecia a su público, y lo hace en tanto que no lo considera parte del sistema y, por ende, parte del problema. Y no sólo lo exime de culpa sino que lo anula, posicionándose por encima de él como director y como analista en el momento que critica el consumo exagerado en la bonanza económica pero justifica la ambición adquisitiva de la clase media, apelando a nuestra ignorancia con pose de perdonavidas. Pero Ferguson no se conforma con eso, sino que se eleva como juez, jurado y verdugo con los propios entrevistados, pasando de retratar hechos para retratar personas en función de las necesidades de su documental. Así se forja el segundo punto que comentaba, donde asume su propia lectura como una verdad absoluta para abofetear a quien considera culpable, en encerronas similares a la de Moore con Heston, acusando directamente, cortando respuesta y mostrándonos cómo los entrevistados piden que se apague la cámara. Es lícito ser imparcial, como lícito es ser sensacionalista, pero para ello hay que ser muy consciente de las limitaciones del mensaje y diferenciar claramente opinión de información.

Con todo ello Ferguson orquesta un documental que no invita a la reflexión ni a la acción, sino que meramente señala con el dedo a los acusados en un ejercicio más justificado que otros, pero igual de tópico. No falta la crítica a la ambición de los ricos, pero se excusa la compra de más de una casa y de un coche por parte de gente que no puede permitirse ese nivel de vida. En definitiva, si el sensacionalismo tira de culpar de la crisis a las grandes corporaciones, Ferguson además explica cuáles son sus armas pero repite conclusiones, aunque le reconozco el valor de ser crítico con Obama, el iphone de los presidentes. Resumiendo, Inside Job merece visionarse para entender muchos de los procesos que se producen en la economía, pero toca recelar cuando la productora es Sony, el narrador es Matt Damon (innecesario narrador en un documental que critica el despilfarro económico) y la portada resulta tan tendenciosa. El mundo de hoy ya no entiende de experiencia, entiende de formatos cinematográficos.

 

11 comentarios:

kamikaze dijo...

Lo he leído y me ha gustado.
NO voy a ver este documental,(casi seguro hasta que me lo pasen por la tele y me lo tope sin saber) porque puestos a elegir, elijo ficción formateada antes que verdad formateada.
Como tú dices: todo depende...
Un besote

Anónimo dijo...

"De hecho, en el mismo momento que existe un encuadre, existe una media verdad, y con ello una mentira,.."

Pues a mí me has convencido, voy a por él, a ver si en estos días festivos puedo verlo :)

Saludos

P.S: Que duro es cuestionarlo todo.... no es para todos los públicos.

redrum dijo...

A ver, recomiendo el visionado, sin duda. Eso sí, insisto en que, de base, explicar las causas de la crisis económica en dos horas es imposible.

Kamikaze, estoy contigo, para eso tiramos de ficción.

A ver qué le parece, Anónimo! Supongo que en un par de momentos le pondrá de los nervios.

Cuestionar las cosas ayuda a aceptarlas, no asumirlas tal cual.

1 saludo y gracias por comentar!

Mr. Lombreeze dijo...

El tan manido argumento de "el rico quiere ser aún más rico" no por manido deja de ser cierto y, según apuntan casi todos los analistas y textos que yo he leído, éste ha sido el caso del comienzo del colapso financiero: "ganamos pasta, pero queremos ganar más pasta", y comienza a funcionar la ingeniería financiera.
Yo no creo que el documental abrume y se emplea jerga que es fácilmente comprensible, como bien dices.

Redrum, en lo banal de nuestra existencia residen casi todas las motivaciones de nuestros actos. Yo sí creo que haya dirigentes que estafen a sus clientes para tener más dinero que gastar en putas y cocaína. Así de banal es el asunto.

Hay muchos grados de capitalismo. El reglado por el Estado es el que queremos muchos de nosotros.
No coincido en tu percepción del documental. Por qué ha de ser imparcial?.
El público ha sido, en la mayoría de los casos, víctima de una estafa y tiene parte de culpa, claro, lo mismo que el estafado en el tocomocho. Pero el estafador es el que tiene que ir a la cárcel. Los ricos engañaron a muchos y les convencieron de que sí podían pagar ese coche y ese apartamento en la playa. La gente ya ha pagado su parte de culpa con los despidos, embargos, EREs, etc. Y los otros?, cuándo pagarán la suya?. Para mí, ése es el mensaje de este documental que yo sí recomiendo.

redrum dijo...

Joder, putos fallos de blogger, con la pedazo de respuesta que me había cascado...

Bueno, que Collapse es mucho menos tendencioso, que los culpables son muchos, que si el "listo" es responsable también lo es el "tonto" y que se puede ser imparcial pero no por ello negar la opción de sacar conclusiones al espectador. Los momentos en que el entrevistador se sitúa por encima del entrevistado me parecen de traca.

1 saludo y gracias por comentar!

M. Jordan dijo...

"si el "listo" es responsable también lo es el "tonto""
En eso radica la base de la política de derechas. Felicidades.

Mr. Lombreeze dijo...

sí, responsables hay dos, culpables uno.
el tonto ya ha pagado (con embargos y EREs), cuándo paga el listo (al que han rescatado con nuestra pasta)?.
Eso se pregunta Inside Job.

redrum dijo...

No estoy de acuerdo, pero ya he escrito una mega-respuesta que se ha perdido en el ciberespacio y paso de repetirla.

1 saludo y gracias por comentar!

Mr. Lombreeze dijo...

Óle

Anónimo dijo...

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