sábado, 30 de abril de 2011

La marcha del millón de hombres: Imitation of movies


Una amiga mía me comentaba, hace ya varios años, que tenía miedo de las alegrías intensas porque sabía que tras ellas llegaba el desastre. Casi nunca fue así en su caso, pero delataba una lógica existencial ajena a la experiencia cotidiana, sino más bien arraigada en el celuloide. Yo mismo me descubro infinidad de veces adelantando acontecimientos como si mi vida se tratara de una película, vislumbrando accidentes de tráfico cuando más calma hay en la carretera, o esperando el frío contacto de una mano al palpar en busca del interruptor de la luz, cosas realmente ilógicas en la vida real pero que han pasado a formar parte del imaginario colectivo.

Y es que el consumo de ficción como entretenimiento a tocado techo gracias a internet, siendo (probablemente) el momento de la historia en que más cine se ve, siendo una fuente de experiencia mucho más vasta que la vida real. Es obvio que lo que acontece fuera de la ficción tiene un impacto mucho mayor que el de la ficción, pero la frecuencia de hechos significativos es mucho menor, por lo que gran parte de nuestro aprendizaje está basado en una mentira, aunque seamos conscientes de ello. No en vano gran parte de los acercamientos a una realidad tangible a través de la gran pantalla no han sido más que meros ejercicios formales que derivan (en general) en los mismos patrones de siempre, porque no queremos que el cine sea un eco, sino que la vida sea cine.

Partiendo de esa base, ¿cómo afrontar un film que trate sobre la marcha del millón de hombres? ¿Cómo representar la lucha por los derechos de toda una comunidad dispuesta a plantarse en Washington a alzar su voz? Efectivamente, con una banda sonora épica, grandes planos generales mostrando la multitud, discursos transcendentales y batallas campales contra la policía. Leñe, semejante temática requiere un tratamiento visual por todo lo alto, una sublimación de lo real en lo cinematográfico. La pena es que el cine es una mentira a través de la cual se banaliza cualquier intento de ennoblecer hasta la más justa de las causas.

Spike Lee lo tenía claro, y optó por el minimalismo y el realismo a la hora de abordar La marcha del millón de hombres para que su discurso creciera del individuo a la masa. Con ello, nos subimos al autobús que ha de llevar a una docena de protagonistas a Washington, "dejando" que ese trayecto y las interacciones entre los personajes formen el discurso del film, y evitando que la voz pertenezca a la masa y con ello evitando generalizaciones, dando la reclamada igualdad a cada uno de sus personajes. Dicho enfoque no es populista, sino tan coherente como valiente.



Así tenemos un film casi exclusivamente hablado, que busca la realidad no sólo en los diálogos sino incluso en las texturas (con imágenes de la cámara de unos de los protagonista) buscando un acercamiento más sincero que cinematográfico. Sin abandonar la cuestión racial, muchos de los conflictos se muestran universales para componer un mosaico humano que va desde los problemas de la adolescencia a la sabiduría de la vejez, tratados más desde la reflexión que desde la acción. El cine imitando la vida para ficcionar hechos reales.

Ahora bien, las galas que luzca la mentira no la convierten en verdad, y los resortes cinematográficos pesan sobre el desarrollo para restar verosimilitud a la película, descubriéndose el cine como cine. Con ello, y sin ser un retrato edulcorado, el film pasa del buenrollismo a la denuncia social como paradas obligatorias, ganando interés otro tipo de conflictos en personajes condicionados por la protesta que van a llevar a cabo. Así es como el film pierde algo de fuelle, al alejarse de lo real para acercarse a lo cinematográfico, dejando regusto a mentira con una buena excusa.

La marcha del millón de hombres es un gran film, a ratos hermoso y a ratos duro, cuya principal virtud consiste en pivotar sobre el individuo sin abandonar la cuestión racial, y encontrando en la sencillez la clave para elevar poco a poco su mensaje. Sin grandilocuencia, sin moralina y sin subterfugios vemos las fracturas internas de un grupo unido bajo un lema demasiado generalista y de cuya convivencia nace la narrativa. Quizás por eso la única pega sea descubrir, a través de las concesiones a la narrativa tradicional, que lo que vivimos dentro de ese bus es ficción, es mentira, es cine.

 

3 comentarios:

Insanus dijo...

Vista en su día en Digital+. No recuerdo que me emocionara especialmente, pero tampoco fue el latazo que me esperaba.

MrMierdas dijo...

Redrum, el post está a la altura del film, pero no a la mía!

Postazo, postazo, postazo...

Un saludo y gracias!

redrum dijo...

Mis disculpas, ante todo, Mr.Mierdas, porque el texto es de ley redactarlo un poco al gusto de quien recomendó la peli. Pero me saltó la idea del arranque, y ya me puse en modo menos pasional y más divagante.

Me gustó que la peli fuera imparcial, crítica y "pequeña", sin pretender dar lecciones.

1 saludo y gracias por comentar!