sábado, 11 de julio de 2009

La vida secreta de las abejas: Somos el eco de la ausencia


No sólo la gente que pasa por nuestra vida deja una huella en ella, también los que nunca han estado acaban condicionando lo que seremos en un futuro. Nacemos, vivimos y morimos ricos en poco, faltos de mucho, incompletos vagando con falsas respuestas a preguntas que no sabemos formular. Añoramos conceptos, perseguimos sombras de dicha e idolatramos desconocidos tomando el azar por barlovento y engañándonos en la creencia que las piezas del puzzle acaban encajando tarde o temprano.

Claro está que para un film como La vida secreta de las abejas, una road movie espiritual, el final no puede dejar mal sabor de boca haciendo creer que ese tipo de viajes tienen más de vueltas en círculo que de llegada a un destino. Y es que algo muy reprochable al film es su conformismo en cuanto a desarrollo dramático, que aparte de tópica la hace previsible, dejando al descubierto su mecanismo y trampa haciendo que el espectador tome distancia sobre lo que el film narra.

Ese hecho no es directamente fallo de la directora y guionista Gina Prince-Bythewood, sino de Sue Monk Kidd, autora de la novela en la que se basa el film. Esto lleva de nuevo a dejar al descubierto los mecanismos comerciales de Hollywood, donde una novela con cierto éxito es llevada a la gran pantalla por algún desconocido entusiasta de dicha novela, añadiendo caras populares al reparto (Jennifer Hudson, Paul Bettany) y acabar presentado un film ligero que difícilmente puede dejar de recuperar lo invertido en su producción.

El gran problema es el de siempre, la adaptación de la novela a un lenguaje audiovisual por parte de gente más preocupada de la fidelidad y el efectismo que no de intentar expandir el mensaje valiéndose de un arma tan potente como lo es la cámara. Es así como el apartado visual, sin deslucir, no aporta absolutamente nada a la trama más allá del conformismo en encuadres y planos en busca de estética y una banda sonora obligadamente salpicada del talento de Alicia Keys.

Ahora bien, dentro del campo dirige el juego ese portento de 15 años llamado Dakota Fanning cuya mirada contiene más emoción que la filmografía entera de Tom Hanks, y pese a su papel consigue aupar un melodrama donde a casi todo se le ve la patita de lo impostado. Más allá de eso hay que agradecer el potente mensaje tan anti-americano, donde la familia no está por encima de todo ni el amor entre padres e hijos viene garantizado tras el parto.

Tanto es así que la protagonista acaba con la vida de su madre a una tierna edad, bañando la inocencia infantil en las aguas de una culpabilidad sin recuerdo por con penitencia. Ahí es donde la memoria entra en juego para intentar reconstruir un rompecabezas que, sea más cercano a la verdad o no, sienta las bases del desarrollo emocional de la protagonista. Todo ello enmarcado en la segregación racial como parábola de que los extraños a veces pueden ser más familia que aquellos con los que compartimos sangre.

Se agradece que el film no se muestre ambicioso en ningún momento durante sus menos de dos horas, avanzando sin precipitación y asumiendo que el protagonismo es para Dakota Fanning y el resto de personajes son contexto para su desarrollo, más cercanos al concepto que al realismo. Pese a eso, sólo desentona en algún momento una Alicia Keys que no puede competir ni con el talento de Dakota Fanning ni el aura de Queen Latifah, un gran acierto de casting.

En definitiva, un film interesante pero conformista, que apuesta por el litio y no por el bisturí, por portadas de Vanity Fair más que por la verdad hecha fotogramas. Un viaje que se antoja duro pero cuyas únicas complicaciones viene claramente marcadas por fórmulas narrativas desgastadas salvadas por su portentosa protagonista que, sin palabras, es capaz de insinuar lo que su directora no ha podido a golpe de plano.



2 comentarios:

marguis dijo...

Efectivamente, lo mejor la crecidita Dakota Faning, si no se estropea, como tantos niños prodigio actores, tiene un futuro brillante!!!
Yo también destaco a la oscarizada Jennifer Hudson, mas que nada, porque se lo dieron por Dreamgirls, en algo así como el sueño de la cenicienta de Hollywood y está demostrando que no hay papeles secundarios pequeños... ellas los hace grandes. Me está gustando esta chica.

redrum dijo...

... y quien propuso el film sin hacer acto de presencia...

Marguis, pues mira que el papel de la Hudson tampoco me convenció... una vez se plantan en la casa se difumina por completo. Una pena.

¡1 saludo y gracias por comentar!