sábado, 2 de julio de 2011

Nombres, rostros...


En un momento de la tibia Cara a cara (John Woo) Nicolas Cage se mira al espejo y espeta al habitante del reflejo un reivindicativo "¡Soy yo!" en pleno delirio alucinógeno. No es un acto fútil, ya que la pérdida del rostro conlleva el salto a otra identidad, no sólo en la relación con nuestro entorno sino en la propia esencia de lo que somos. Y no deja de ser extraño que en el film de Woo se cosifique tan importante elemento cuando dentro de la trama se le atribuye tanto de intangible, media alma, para una vez devuelto a su lugar de origen retome su condición de medio y no fin. Pero ¿es un rostro algo más que una serie de rasgos o un mero catalizador?

Los disfraces nos dan anonimato, cierta impunidad en actos que nuestra firma no consentiría, en un mero ejercicio social donde los pecados recaen sobre una identidad pero no sobre una conciencia. Por ello resulta tan hipócrita la resolución de Cara a cara, afianzada en la recuperación de un rostro como elemento indispensable de la identidad en una triunfante oda a la superficialidad y a la capacidad dramática de lo inerte frente a las acciones, a la palabra sobre el verbo. Basta con quitarse al máscara para cerrar un paréntesis y arrojarlo al fondo del océano.


Jarmusch no opina igual y nos presenta en Dead Man la mutación de un personaje en su alter ego literario, llevando la crisis existencial de un protagonista a un reencuentro consigo mismo en las sombras de los rasgos perfilados por otros, hayando en los desconocido lo más íntimo. No existe una indentidad a recuperar ni el arco argumental busca volver al origen, sino que el camino cincela al protagonista como su (alter) ego con la asombrosa coherencia de quien entiende que las esencias no existen, que tras los atributos y los actos solo se esconde la nada.

Y si el protagonista usurpa identidad, su partenaire carece de ella, un guía llamado Nadie cuya inconstante presencia parece tan errática como el devenir del protagonista. Así, a diferencia del film de Woo, se confrontan anónimos a cazarecompensas precedidos por su leyenda, ahogados en sus méritos pasados e ignorantes de que las sombras no pueden ser cazadas. Mientras Jarmusch asesta un derechazo en la cara del espectador, Woo deja a sus protagonistas ahostiarse entre ellos, olvidando que más allá de apuestas estilísticas, contextos y taquillas, nadie querría tener la cara de John Travolta.

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dead Man, una delícia de película en todos los sentidos. A mí me impactó muchísimo.

Incluso la banda sonora de Neil Young es impresionante.

Realmente 'mezclarla' con face-off me ha dejado perplejo..

Saludos y enhorabuena por la constancia y la originalidad.

Saludos

redrum dijo...

Ole! Alguien que me ha leído!!!

Coincido, la BSO me fue encajando poco a poco, pero es magistral y coherente.

Ahí queda eso, las pelis tratan temas parecidos habitualmente, pero el como lo hacen manda.

Siguente parada: Tropa de élite vs La soledad del corredor de fondo.

1 saludo y gracias por la fidelidad!