sábado, 28 de agosto de 2010

Gladiator: What we do in life...


Extraído del primer número de
Cineuá:

A Ridley Scott le bastaron cinco años para hacerse un nombre en el panorama cinematográfico internacional. De 1977 a 1982 rodó tres films hoy día considerados obras maestras casi unánimemente: Los Duelistas, Alien y Blade Runner. Durante los diez años siguientes mantuvo intacto su prestigio con algún film notable pero sobretodo evitando el estrépito en las cuatro películas que filmó de 1982 a 1992. Irónicamente y tras el rodaje de Thelma & Louise repitió ciclo de cinco años y tres film (1942, La tormenta blanca, La teniente O´Neal) para enterrar la reputación de genio que había logrado a la manera que sus protagonistas
femeninas: lanzándose a toda carrera hacia un precipicio. Y sin bien las obras son inmortales, el orgullo, a veces, es un gran consejero, haciendo caso a crítica y público que advertían a Scott de que su carrera iba directa a un suicidio artístico. Incluso algunos llegaron a dudar de la autoría de sus tres obras maestras.

“Tendrán que matar tu fama antes de matarte a ti.”

El comandante de las tropas del Norte es traicionado y degradado. El cine de romanos, antaño sinónimo de espectáculo, es abandonado y denostado como género. El brillante joven que apuntaba a genio encadena fracaso tras fracaso consumiendo su crédito y perdiendo el prestigio, viviendo de sus primeras obras. Máximo Décimo Meridio se convierte en el esclavo del sistema que llega a desafiar al emperador. Universal Pictures y Dreamworks deciden producir un film de romanos en pleno siglo XXI y al frente del proyecto un director que busca recuperar su gloria a través de la épica, de un triunfo en taquilla con un producto descaradamente circense donde la venganza es el motor de la
historia. Gladiator y Scott estaban condenados a encontrarse.


“El corazón de Roma no es el mármol del senado, es la sangre del Coliseo.”

La mano acaricia el trigo en busca de sensaciones que calmen la nostalgia. La sencillez es pureza que esconde una profundidad e inmediatez muy lejana a los méritos del artificio. Se cierra la ensoñación y la realidad depara ira y sangre, barro y frío, un ejército y un perro fieles, redoble de tambores y finalmente la batalla. La tierra llena las manos del guerrero, la misma que acabará cubriendo su cuerpo, que le conecta con la pureza, con sus orígenes, con la propia esencia de una guerra que tan sólo conquista puñados de tierra. Scott apela a través del guión a sus fieles, a su ejército (“!Permaneced junto a mi¡”), y libra una primera batalla, hija legítima del Spielberg productor mostrando las líneas maestras de la propuesta que es Gladiator: El espectáculo que nace del intimismo, el eco del individuo en la masa.

“- Hay que saber cuándo se es conquistado. - ¿Tú lo sabrías? ¿Y yo?”

El director/gladiador, despojado de sus galones y herido de muerte es convertido en esclavo, obligado a luchar para sobrevivir, mostrando su desprecio hacia quienes pagan para crear el espectáculo. Desde la arena buscará venganza contra quienes dieron muerte a su mujer Ripley y su hijo Deckard, llevándole su periplo al Coliseo romano, antaño icono del entretenimiento. Allí reclamará identidad y venganza contra quienes le arrebataron todo y se postularon como falsos hijos del emperador, desatando el infierno en la arena para ganarse al Coliseo, con sus tropas fieles esperando a las afueras de Roma. Un solo propósito mueve al protagonista, contraponiendo la espectacular puesta en escena con la sencillez de las motivaciones, el simplismo de un objetivo universalmente reconocido por el espectador.

“¿Cómo tratará mi nombre el mundo venidero?”

Ecos de inmortalidad resuenan en esta obra, no por notable calidad sino por su trascendental épica, narrada hace más de dos milenios pero de carácter inmortal. Blanco y negro son el eje de la historia, los luchadores en la arena, y sobre ellos se erige el Coliseo y su público. Ciudadanos, hambre e ira. Políticos, ambición y traición, todos al servicio de un espectáculo que, como el propio Máximo, cumplen con una poco artificiosa efectividad, una brutal sencillez. Cuatro son las batallas en las que vemos al gladiador en la arena, todas encadenadas en un ritmo decreciente para acabar luchando contra el César en una escena sin más música que el acero, sin más clima que la épica del vencedor vencido, descubriéndose Scott en una lucha consigo mismo.


“Lucio se quedará conmigo, y si su madre osa dirigirme una mirada que me desagrade lo más mínimo, él morirá. Si ella decide ser noble y se quita la vida, él morirá.”

La sangre mancha la arena mientras el corazón del film late en la interacción de los personajes, ejerciendo las batallas como vistosas bisagras que articulan las diferentes etapas de la narración. Cómodo es incapaz de dar a su padre lo necesario para ser amado, pero da a Roma pan y circo, consiguiendo por tercera vez que Máximo sea más querido que él. Sus ojos reflejan el alma rota de aquel al que nada de lo que ama jamás le ha pertenecido, los mismos que le delatan como asesino ante Máximo y que anuncian la muerte por traición a Lucilla. Porque Gladiator no es un film de espadas y sangre, es un film de miradas y silencios.

“- ¿Cómo recompensaré a mi mejor general?
- Quiero volver a mi hogar.”

Y esa vuelta al hogar marca el film, el retorno a la sencillez y la pureza tan alejadas de la cargada puesta en escena de Blade Runner. No hay grises ni perdón, sólo objetivos y una línea recta que invita a disfrutar del trayecto y sus paisajes. Y qué mejor escenario que el Coliseo, con un público ya entregado, para dar carpetazo a su propósito y volver a casa. Así es como Scott conquistó de nuevo al público, muriendo en el intento a manos del emperador, dejando claro que Gladiator no es obra de un artesano, sino de un guerrero.

3 comentarios:

Ivan dijo...

Está bien, voy a ser el que de la noticia en exclusiva, "Los duelistas", "Blade Runner" y "Alien" en realidad las dirigí yo, pero vi a Ridley bajo de ánimos en aquella época y le eché un cable para ganarse la vida con ello. xDD
Mi teoría creo que es la más lógica, simplemente en sus inicios le interesaba hacer cine, luego solo le interesó hacer dinero (sin entrar a juzgarlo), eso hizo que dirigiera con el piloto automático puesto, con la ley del mínimo esfuerzo y dejándose arrastrar por una maquinaria que si la dejas...funciona sola. Con "Gladiator" (peplum de toda la vida con aspecto arty) me pasa lo contrario que con películas como "Sin perdón", cuantas más veces la he visto más pierde como película y se hacen gigantes sus fisuras.

Saludos y buen texto! ;)

Marcos Callau dijo...

Hola Redrum. Estupenda manera de unir la historia de un director con frases de "Gladiator". Esta película ha sido una de mis últimas grandes favoritas del cine. De ella se pueden extraer frases realmente impresionantes y muy aleccionadoras. Aplausos por esta reseña.

redrum dijo...

Exacto Ivan, por eso digo que es más obra de un guerrero que de un artesano. La revisión de la versión extendida me hizo ver más cojeras, pero pese a todo considero que es un muy buen espectáculo en el mar de insensateces que llegan a cartelera.

Gracias Marcos! Yo también la disfruté mucho en su momento, y tiene frases antológicas, no cabe duda.

1 saludo y gracias por comentar!