La vida acaba consistiendo en buscar diferentes hogares que habitar, tanto un espacio físico confortable, como espacios emocionales en los que sentirnos a salvo. En ellos nos buscamos intentando dejar de huir de lo que somos, bajos techos o abrazos conocidos a los que volvemos una y otra vez buscando cobijo.
Si el primer hogar lo perdemos al nacer, el segundo lo perdemos con la rebeldía de la adolescencia, al dejar de ser lo que esperan que seamos para ser lo que queremos ser, y con ello, encontrar el lugar al que pertenecemos. Así elegimos amistades, música, estética y otros tantos elementos que conforman un contexto que sentimos como eco y etapas de un camino a recorrer.
Pero no para todos es la misma historia, ya que para algunos no hay cobijo más allá del parto. Ahí se nos presenta Ennis Del Mar (Heath Ledger), joven criado por sus hermanos, obligado a buscarse la vida para poder casarse con Alma (Michelle Williams), más mudo que jovial, mas desdichado que vital, donde tras esa pose fría y distante se esconde alguien a quien la vida le ha premiado con la soledad.
Y en la remota Brokeback Mountain será donde Jack Twist (Jake Gyllenhaal) quiebre su coraza a base de una rebeldía juvenil que parecía prohibida para ambos, instalados en el deber adulto. Jack, criado a la sombra de su padre y consciente de su condición sexual, dando a Ennis algo tan sencillo como preciado: amistad. No en vano Jack es ducho en la doma de caballos salvajes.
"You ever get the feelin'... I don't know, er... when you're in town and someone looks at you all suspicious, like he knows? And then you go out on the pavement and everyone looks like they know too?"
En ese paisaje nacerá algo parecido a un hogar para ambos, el cielo será su mejor cobijo y la soledad de la montaña la barrera que separe sus vidas públicas de su vida privada y común. Una relación donde el tercer componente es Brokeback Mountain, el lugar al que acudirán periódicamente a lo largo de sus vidas para encontrarse.
Así se dibujan a los protagonistas, con escasas líneas de diálogo, miradas y gestos, y una cuidada escenificación que susurra lo que Ennis y Jack callan, como si Brokeback Mountain hablara desde un segundo plano. Porque todo recuerdo tiene un contexto y todo hogar un espacio que habitar, lleno de objetos con los que calmar la ausencia.
Y lejos del hogar espera la vida, coartadas para algo que no necesitamos entender, que los protagonistas asumen con la naturalidad del viaje sobre raíles en el que se nos permiten desvíos pactados hacia un terreno vedado. Una rutina como la de cualquiera, con alegrías, penas, sexo e infidelidades, completa para algunos, pero no para Jack y Ennis.
"I'm gonna tell you this one time, Jack fuckin' Twist, an' I ain't foolin'. What I don't know - all them things that I don't know - could get you killed if I come to know them. I ain't jokin'."
Ang Lee dirige sin dejar impronta, dando el protagonismo a unos personajes con los que el espectador necesita empatizar, ya que incluso una mueca supone un giro argumental. Y para ello no podemos dejar de nombrar el meticuloso guión de Diana Ossana y Larry McMurtry basado en un relato corto de Annie Proulx, donde no hay escena sobrante.
Y con ello se refuerzan las escenas alejadas de Brokeback Mountain, el retrato de parejas que esconden una bucólica trastienda y que sirven para hilar las emociones por las que nos lleva el film. Así vemos la normalidad con que Jack conoce a Lureen (Anne Hathaway) o el reencuentro entre Cassie (Linda Cardellini) y Ennis, mientras Brokeback Mountain cambia por completo nuestra percepción de los protagonistas sin cambiarlos, complementándolos.
Todo fluye con sencillez y naturalidad, pasando los años a golpe de maquillaje y prótesis mientras vemos como la vida cimentada en excusas se derrumba, como Ennis y Jack intercambian sus roles dentro del matrimonio sin saber dónde empieza y acaba la huida. Grandes interpretaciones de los protagonistas ayudan a dar credibilidad a una historia que podría caer en lo ridículo si no fuera por la labor de Lee, Gyllenhaal y Ledger. Un ejemplo sería la escena del final del primer verano donde Jack mira por el retrovisor dejando a Ennis en el pasado, mientras que este rompe a llorar en un callejón.
Y al final un hogar vacío, simbolismo, recuerdos para abrazar un pasado del que no hemos podido despedirnos y un secreto llanto en soledad. La vida o la homofobia golpea reduciendo el hogar de Ennis a una simple fotografía tan contenida y expresiva como el film, que relata alejándose del panfletismo, desde la apacible intimidad de Brokeback Mountain, donde lo que allí pasa, allí se queda porque a allí pertenece.
Si el primer hogar lo perdemos al nacer, el segundo lo perdemos con la rebeldía de la adolescencia, al dejar de ser lo que esperan que seamos para ser lo que queremos ser, y con ello, encontrar el lugar al que pertenecemos. Así elegimos amistades, música, estética y otros tantos elementos que conforman un contexto que sentimos como eco y etapas de un camino a recorrer.
Pero no para todos es la misma historia, ya que para algunos no hay cobijo más allá del parto. Ahí se nos presenta Ennis Del Mar (Heath Ledger), joven criado por sus hermanos, obligado a buscarse la vida para poder casarse con Alma (Michelle Williams), más mudo que jovial, mas desdichado que vital, donde tras esa pose fría y distante se esconde alguien a quien la vida le ha premiado con la soledad.Y en la remota Brokeback Mountain será donde Jack Twist (Jake Gyllenhaal) quiebre su coraza a base de una rebeldía juvenil que parecía prohibida para ambos, instalados en el deber adulto. Jack, criado a la sombra de su padre y consciente de su condición sexual, dando a Ennis algo tan sencillo como preciado: amistad. No en vano Jack es ducho en la doma de caballos salvajes.
"You ever get the feelin'... I don't know, er... when you're in town and someone looks at you all suspicious, like he knows? And then you go out on the pavement and everyone looks like they know too?"
En ese paisaje nacerá algo parecido a un hogar para ambos, el cielo será su mejor cobijo y la soledad de la montaña la barrera que separe sus vidas públicas de su vida privada y común. Una relación donde el tercer componente es Brokeback Mountain, el lugar al que acudirán periódicamente a lo largo de sus vidas para encontrarse.
Así se dibujan a los protagonistas, con escasas líneas de diálogo, miradas y gestos, y una cuidada escenificación que susurra lo que Ennis y Jack callan, como si Brokeback Mountain hablara desde un segundo plano. Porque todo recuerdo tiene un contexto y todo hogar un espacio que habitar, lleno de objetos con los que calmar la ausencia.
Y lejos del hogar espera la vida, coartadas para algo que no necesitamos entender, que los protagonistas asumen con la naturalidad del viaje sobre raíles en el que se nos permiten desvíos pactados hacia un terreno vedado. Una rutina como la de cualquiera, con alegrías, penas, sexo e infidelidades, completa para algunos, pero no para Jack y Ennis."I'm gonna tell you this one time, Jack fuckin' Twist, an' I ain't foolin'. What I don't know - all them things that I don't know - could get you killed if I come to know them. I ain't jokin'."
Ang Lee dirige sin dejar impronta, dando el protagonismo a unos personajes con los que el espectador necesita empatizar, ya que incluso una mueca supone un giro argumental. Y para ello no podemos dejar de nombrar el meticuloso guión de Diana Ossana y Larry McMurtry basado en un relato corto de Annie Proulx, donde no hay escena sobrante.
Y con ello se refuerzan las escenas alejadas de Brokeback Mountain, el retrato de parejas que esconden una bucólica trastienda y que sirven para hilar las emociones por las que nos lleva el film. Así vemos la normalidad con que Jack conoce a Lureen (Anne Hathaway) o el reencuentro entre Cassie (Linda Cardellini) y Ennis, mientras Brokeback Mountain cambia por completo nuestra percepción de los protagonistas sin cambiarlos, complementándolos.Todo fluye con sencillez y naturalidad, pasando los años a golpe de maquillaje y prótesis mientras vemos como la vida cimentada en excusas se derrumba, como Ennis y Jack intercambian sus roles dentro del matrimonio sin saber dónde empieza y acaba la huida. Grandes interpretaciones de los protagonistas ayudan a dar credibilidad a una historia que podría caer en lo ridículo si no fuera por la labor de Lee, Gyllenhaal y Ledger. Un ejemplo sería la escena del final del primer verano donde Jack mira por el retrovisor dejando a Ennis en el pasado, mientras que este rompe a llorar en un callejón.
Y al final un hogar vacío, simbolismo, recuerdos para abrazar un pasado del que no hemos podido despedirnos y un secreto llanto en soledad. La vida o la homofobia golpea reduciendo el hogar de Ennis a una simple fotografía tan contenida y expresiva como el film, que relata alejándose del panfletismo, desde la apacible intimidad de Brokeback Mountain, donde lo que allí pasa, allí se queda porque a allí pertenece.









