jueves, 26 de marzo de 2009

La Conversación: Puliendo la vida de los otros


La experiencia es un viaje que vivimos en primera, segunda o tercera persona. Aprendemos de infinidad de maneras, pero tan vital resulta aprender de nuestros actos como de actos ajenos cuando nuestra comprensión se torna escasa o el rompecabezas descorazonador. Pero está claro que formamos parte de nuestro entorno e interactuar implica cambiarlo, con consecuencias que no siempre estamos dispuestos a asumir.


Ante eso nos queda un aséptico miedo que nos encierra en nuestro yermo mundo para vivir como eterno espectador del circo humano, pero nunca protagonista. De nuestras 4 paredes no escaparán secretos, pecados ni pasiones, cual Edmundo Dantés en su escafandra, aprendiendo a buscar sentido externo a nuestros actos mientras poco a poco se erosiona el alma al compás que marca un lejano saxofón.

Preso de la culpa hayamos a Harry Caul (Gene Hackman), profesional del espionaje que se encuentra investigando a una pareja de enamorados. Obsesionado con la perfección de su trabajo y con las propias conversaciones que graba, busca sentido y perfección a cada frase de la pareja antes de entregar las cintas a su cliente.

Dos escenas ayudan a retratar prematuramente a Harry, donde en el excelente arranque del film vemos como huye de las miradas en el parque, tanto por salvar su tapadera como por propia incomodidad. La segunda tiene lugar cuando su casera deja una botella de vino dentro de su protegido piso, siendo el regalo de un cumpleaños que a nadie ha comunicado. Su vacío interior comparte con Harry decoración y medidas de seguridad, una esfinge sin secreto, equipaje suficiente para quien vive sólo para acallar culpas.

La enigmática ausencia de su cliente en la entrega de las cintas le llevará a romper el trato, coincidiendo con la ruptura de la extraña relación que mantiene con una mujer a la que no ha sabido entregar ninguna de las llaves de su vida. Ambos hechos llevarán a Harry a volcarse por completo en las conversaciones de los amantes, interpretándolas, en busca de respuestas que justifiquen el encargo así como su fracaso como animal social.

Esa obcecación le alejará definitivamente del mundo real cuando descubra que la vida de los escuchados podría correr peligro, trayendo de vuelta fantasmas del pasado a un católico convencido como Harry. Trazar ese puente entre la acción real y la mente del protagonista no es tarea fácil, y ahí emerge el enorme talento de Coppola que consigue que deshojemos cada palabra de los diálogos, cada movimiento de Harry mientras el montaje de sonido (Walter Murch) nos acerca la nitidez de las palabras y el montaje (Richard Chew) nos repone las escenas del parque una y otra vez.

Entonces es cuando vemos a Harry bajar la guardia, abandonado por su socio y temeroso por su vida al saberse perseguido. Coppola (también guionista) mete al personaje en pleno acto social e intimidad con otra mujer, donde cambiará hacia una actitud menos austera donde acabará traicionado por un compañero de profesión. Harry es el profesional más prestigioso de su gremio que vive acorde a su profesión, y dicha traición acabará por dinamitar su mundo de seguridad, llevándolo directamente a la habitación contigua a la de los amantes.

Así llegamos al brillante desenlace de La Conversación, donde los cimientos del ego de Harry se derrumban por haber vendido su alma al diablo que compadece al mendigo. Entonces la conversación cobra sentido y cada frase apuñala las paredes del piso del protagonista, incapaz de entender cómo ha sido forzada la cerradura. Vencido como profesional y como persona, el espejo hecho pedazos y aferrado a un saxo que busca imitar el talento de otros. Butaca en primera fila para ver nuestra vida derrumbarse.

En definitiva, un film excelente, un Coppola de entre Padrinos apostando por un film tan modesto como compacto. La conversación navega hábilmente entre las dos facetas de Harry, entre el drama y el thriller, implicando al espectador como metapersonaje que actúa con Harry como él con la pareja. Un film del que brota auténtico cine a partir de la aparente banalidad de una vida y una conversación.

Lo mejor: La gestión de los diálogos y las cintas.

Lo peor: Que nos quedemos sin saber cómo consiguió grabar las conversaciones que le dieron la fama.

El dato: De las 14 nominaciones al Oscar que acumula Coppola, 5 fueron en el 75. Dos de ellas corresponden a La Conversación y las otras tres (que ganó) por El Padrino II. Gene Hackman aprendió a tocar el saxofón para el film.

12 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Interesante pero aburrida.
Por cierto, estaban hablando de hacer una serie para tv basada en la peli.

redrum dijo...

A mi no me aburrió en absoluto, Mr.Lombreeze, como ha podido comprobar.

Lo de la serie indica que no ha entendido un carajo del film.

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M. Jordan dijo...

¿Aburrida? Por la Pilarica, Mr. Lombreeze, ¿cómo puede decir que "La conversación" es aburrida?

Mr. Lombreeze dijo...

Monica, así somos los maños de baturros.
Pues sí en general la peli me aburre, aunque en muchas ocasiones revisiono el magistral comienzo con ese maravilloso plano de esa plaza de San Francisco.

Me gusta bastante también todo lo relacionado con el catolicismo del protagonista.

Pero es una peli muy personal y no todos podemos sintonizar con ella al 100%.

redrum dijo...

Mónica, unos cuantos espartanos hubieran hecho las delicias de Mr.Lombreeze. Algo como "La Conversación... in Hell!"

Mr.Lombreeze, más allá lo que narra, el cómo lo narra me pareció interesantísimo, para deleite visual e intelectual, y por suerte para usted, alejado de pajas mentales.

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Mr. Lombreeze dijo...

jajjaja, joder,unos espartanos entrando al final al apartamento de gene hackman, hubiera sido la pera. jajajajja.

Mónica, no haga ud. caso a redrum, que me tiene envidida porque sé de cine más que él.

En serio, ya sabéis como es esto de los gustos, a veces no sabes muy bien explicar por qué no te llega del todo una peli. Es lo que me pasa con ésta de Coppola, en mi contradictoria frase inicial "interesante pero aburrida" exponía mi dilema existencial...

redrum dijo...

Jajajaja! Mr.Lombreeze, poco es el mérito de saber de cine más que yo, y grande la empresa de envidiar a todo aquel más ilustrado que yo en dicho arte!

Pero bueno, el aburrimiento no tiene padres, a algunos les aburre el fútbol, a otros Chopin y a otros Magnolia.

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Mr. Lombreeze dijo...

"Magnolia" es la peli ésa donde llueven ranas?

redrum dijo...

No, era aquella donde se pintaban los abdominales con carboncillo.

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Mr. Lombreeze dijo...

Jajajajaj, oiga , si no le gustan las tragedias clásicas griegas dígalo hombre...
Solamente por los cientos de parodias que se hicieron ya mereció la pena
ESTO ES ESPARTAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!

M. Jordan dijo...

Claro, claro... Le debemos a "300" haber disfrutado de "Casi 300"!!

Por cierto, yo he visto llover ranas, Mr. Lombreeze. En su tierra, además.

redrum dijo...

Leñe, ¿pero no era ya una parodia? ¿No joda que lo de Jerges iba en serio? Ai madre, que la vi como no tocaba...

Mónica, yo "Casi" disfruté de "300" más que con "Casi 300". Y al final me hago un lío enorme, que espero ver llover persas en Aragón, a Gene Hackman con ranas en los abdominales, y a Tarantano contando una historia.

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