sábado, 6 de diciembre de 2008

¿Dónde está la casa de mi amigo?: Cuando el mundo es grande e intrascendente


"Todos los hombres nacemos iguales, pero es la última vez que lo somos" decía Lincoln. Él hacía referencia a los derechos y yo a la infancia, ese lugar común que todos hemos habitado, mirando el mundo desde abajo, felizmente ignorantes. La mirada de un infante siempre es algo capaz de conmovernos, de transportarnos, de librarnos momentáneamente de ese concepto tan sobrevalorado llamado madurez.

Abbas Kiarostami (que dirige y firma el guión) nos propone una mirada infantil al mundo adulto, lo contrario a lo que el cine occidental nos tiene acostumbrados. ¿Dónde está la casa de mi amigo? rebosa sencillez, realismo e inocencia, en una historia donde el mundo adulto vive sujeto a una cotidianidad intrascendente, mientras que el mundo de Ahmed se llena de preocupaciones y asuntos más importantes que ir a comprar el pan. Que a tu mejor amigo lo expulsen del colegio es algo muy serio.

Ahmed (Babek Ahmed Poor) y Nematzadeh (Ahmed Ahmed Poor) son dos jóvenes amigos y asisten juntos a clase, donde imparte un estricto profesor (Kheda Barech Defai). Cuando Nematzadeh se presenta a clase por segunda sin los deberes hechos, el profesor lo amenaza con que a la tercera será expulsado del colegio. Sin darle más importancia, los dos volverán jugando a casa, donde a Ahmed le espera la rutina de ayudar a su madre y hacer los deberes antes de poder jugar con sus amigos.

Ahmed se dará cuenta que, por accidente, tiene el cuaderno de Nematzadeh y debe entregárselo a tiempo para que no le expulsen del colegio. Así comenzará su viaje para devolver el cuaderno a su amigo, donde hará frente a las responsabilidades con sus mayores y al desconocimiento de la ubicación del hogar de su amigo.

Uno no puede evitar recordar ciertos films mientras ve ¿Dónde está la casa de mi amigo?. Desde el recuerdo de Antonio buscando su bicicleta por toda la ciudad en la cinta de De Sica, hasta El verano de Kikujiro (profesor y Kitano comparten voz en la versión doblada), pasando por Las tortugas también vuelan o la misma estructura que usó Lynch en Una historia verdadera, donde el viaje es más importante que el destino.

Pero la magia del film de Kiarostami reside en su sencillez, de la cual brotan poco a poco los matices y donde contadas son las ocasiones en que no vemos el mundo adulto desde los ojos de Ahmed. Incluso la cámara trabaja a la altura de tan jóvenes protagonistas, mostrando numerosas veces cuerpos anónimos que interactúan con el joven. Desde esa óptica vemos lo liviano que resulta cualquier otro avatar que no sea evitar la expulsión de Nematzadeh, con la incomunicación de sus mayores como hija de la disciplina.

80 minutos le bastan al director para lanzar un mensaje sencillo, sin ánimo de engrosarlo o cargarlo de profundidad, sino simplemente de decorarlo plano a plano, de darle matices y conseguir hacernos cómplices de la bondad y la causa del protagonista. Así nos presenta una poética libre de fanfarria, donde a base de pinceladas se construye la historia de un niño adulto a caballo entre dos mundos y a pie entre dos pueblos.

El cine de Kiarostami es natural, realista, y como tal, lo son sus intérpretes, donde a la mayor parte de ellos no podemos verle la cara. Tampoco les requiere a éstos un gran trabajo para resultar convincentes, pero obviamente el peso recae sobre el protagonista. Babek Ahmed Poor nos regala una gran interpretación, donde su palabrería llega a cansar pero su mirada logra transmitir la ansiedad al espectador. Kiarostami consigue que un niño haga de niño, cosa que no resulta fácil.

En definitiva, un film interesante y emotivo, una mirada al cine iraní con una historia ligera y breve, que nos propone un humilde paseo por la vida de un niño y sus preocupaciones. Una gran demostración de que, lejos del artificio y la aparatosidad visual, se pueden construir historias cercanas con la elegancia de lo cotidiano y el sabor de la inocencia.

Lo mejor: Su duración y protagonista.

Lo peor: Para ser un film meramente visual, la conversación entre el abuelo de Ahmed y su amigo excede en duración.

El dato: Ambos amigos son hermanos en la vida real.

4 comentarios:

M. Jordan dijo...

Bueno, al final no ha sido para tanto, ¿no? Tanto temer a que te recomendara algún bodrio... y veo que no te ha desagradado del todo.

Personalmente, me parece brillante la escena final en la que el chaval está en su habitación y el temporal se oye/ve por la ventana. Es una gran metáfora de lo que nos cuenta la película.

Y sobre la escena entre los abuelos me parece una de las más importantes de la película. El abuelo, en un alarde de supuesta educación, está siendo menos educado que su nieto, quien lleva toda la película intentando corregir un mal que ha provocado. Kiarostami nos habla de la educación en Irán, de la familia y sobretodo de la infancia y ese momento es clave para ver el contraste.

Y ya para acabar, me apasiona como el tramo final se convierte en un cuento de terror al más puro estilo de los de mi infancia. El perro ladrando, las calles oscuras... Todo se magnifica a los ojos de un crío y Kiarostami lo capta de una manera asombrosa.

Gracias por hacerme caso... ¡por una vez! ahora ya dejo de darte la tabarra ;)

redrum dijo...

Jajajaja! Mónica, me gustó más la peli que a tí mi crítica ;)

Tiene muchas escenas brillantes el film, aunque a mí me cautivó la llegada de Ahmed a casa y el tema de los zapatos. Sólo con eso ya vemos gran parte del mundo que rodea al protagonista.

La escena de los abuelos, la pongo en lo peor porque me pareció demasiado largo y reiterativa, pese a la importancia de lo que cuenta. A esas alturas ya sabemos casi totalmente lo que cuentan, y corta el ritmo del film restando belleza a lo que hemos estado viendo hasta el momento.

Ciertamente, el tramo final es bastante lúgubre y vemos varias veces los mismos escenarios que con luz parecían inofensivos. Y encima la urgencia de comprar el pan parece absurda cuando vemos que el niño tiene otros miedos más fundamentados.

Mónica, si hablar de cine es darme la tabarra, dame la tabarra cuanto quieras! Este blog es de los lectores!

¡1 saludo y gracias por comentar!

Mr. Lombreeze dijo...

Pues nada, me apunto ésta de Kiarostami y así podré decir que he visto cuatro películas de este hombre. Hasta ahora he visto "A través de los olivos", "El sabor de las cerezas" y "El viento nos llevará". Me gustaron bastante las tres, pero el discurso y el estilo me parecieron repetitivos y lo mismo que como me pasa con Kean Loach: que si alguien no me recuerda de vez en cuando que vea una peli suya, pues me olvido de estos señores.

Por cierto, su cine me parece muchas cosas pero no natural.

"Dónde está mi coche?", "Dónde está la casa de mi amigo?", veo a los morgueros muy despistados...;-P

redrum dijo...

Jajajaja! Ciertamente Loach sólo cambia el discurso, y Kiarostami ni idea, soy primerizo.

Mr.Lombreeze, ¿le parece más natural 300 o Watchmen? Desde luego la actitud del niño me parece más cercana a la de mi sobrino, de parecida edad, que no la de la mayoría de papeles infantiles.

Y visualmente lo mismo...

Efectivamente andan despistados... me faltan ¿Qué fue de Baby Jane? y ¿Quién engaño a Roger Rabbit?

¡1 saludo y gracias por comentar!