Parece ser que los films de magos están de moda. Después de la simplona El Ilusionista y la potente El Truco Final, llega El último gran mago, con estreno estaba previsto para las mismas fechas que las dos anteriores, pero se pospuso. No sabemos si fue para evitar la competencia en taquilla, o para tantear el éxito de las dos primeras de cara a su posterior estreno.
En todo caso, el film se acerca más a El ilusionista, tanta en temática como en calidad. Su directora, Gillian Armstrong, (Mujercitas, Charlotte Gray), revive la leyenda de Houdini en una historia breve y sencilla que no ha convencido nada a la crítica. Queda ver cómo la trata la taquilla.
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Cuando Houdini ofrece una gran recompensa a quien sea capaz de descubrir las últimas palabras de su madre, Mary ve su oportunidad de acercarse a él y salir de su precaria situación económica. Ambos con un halo misterioso entrarán en una relación a medio camino entre el interés y el amor.
Hasta yo mismo me sorprendo que ante semejante sinopsis el resultado sea un film bastante flojo, tirando a mediocre. Culpa del desastre hay que buscarla en los protagonistas, que se acercan más a la comedia o al romance facilón, que no a la intriga. Catherine Zeta-Jones se puede decir que repite su papel en Chicago, y Guy Pearce demasiado difuso. Claro está que el guión también participa de ese problema, ya que intenta abarcar más de lo que realmente puede, sobretodo con un final a gusto de todos.
No tiene problemas de ritmo, ya que su duración es corta, sinó que todo el problema parte de la historia, que es floja en todos los aspectos que intenta tratar, y al final nos queda la sensación de que nada interesante esconde el film, excepto el dato final sobre la muerte de Houdini.
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En definitiva, un film insulso, demasiado sencillo y cuya vertiente romántica es la única aprovechable.
Lo mejor: Los primeros 30 minutos plantean un argumento interesante.
Lo peor: El final, intenta cubrir todas las posibilidades.
El dato: Houdini murió de manera similar a la planteada en el film, sólo que con 52 años que Guy Pearce no aparenta.
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